viernes, 4 de noviembre de 2016
Ni en nuestras grutas
Un noble insecto que sucumbió, los despojos respetados
y el peso y la acumulación y casi todo
mucho, mucho, mucho
mis piedras, abandonando todo respeto humano
me descompone
mi llave, mi sombra
se despliega, cuando nada llega
en mí, por mí
conmigo, se extiende
el silencio es mi voz
rostro perdido
que pasa
tinta del deseo, pequeña araña negra
una estable insignificancia
muchas veces
libres de nuestra vigilancia, esos pájaros
una línea, una línea
no para definir
limitado a ti mismo
sobreviva solo
nunca más
ya no tiene ánimo
ya no tiene valor para comprender
o bien una voz súbita
al cuello
sólo se rinde a su dolor
se arrastra
ya no traicionamos
la última hoja
escucha, el aire tan vacío
ya no lucha
yo escuchaba, recuerdas
ella hizo, me tendieron
el engranaje bajo el océano
se lo digo
sí, oscuro
el cerebro de una herida
las referencias huyen
sólo tenías que tender un dedo
ese poco que falta, que nunca traes
no veo claramente
según dicen
un poco al azar
está haciendo
una delicadeza extrema
representaciones gráficas
materia observada
análisis
todas sus raíces
miran un paisaje
que lentamente hacia nosotros brota
cien miradas de lluvia
obstruyo, hago retroceder
y la noche
no obstante
cada noche
un abismo de olvido
prohibiéndome una vida más fácil
sin pertenencia, sin filiación
un momento más
abandona
partir
del aliento, del corazón
no nos hemos reconocido
ni en nuestras grutas
el ardor en secreto
el espejo de la muerte
intensidad con la que veía
en el vagón, víctima
escribe
hasta el fondo de sí mismo
mira actuar
empuja
lo que no será
hace que no pueda soportar
mientras late
gravita imperturbable
lento combate que dura años
mientras siguen hablando
trazados de incierto futuro
desde hace mucho tiempo
en el interior de una piedra
te llevaste todo
no duró mucho esa risa.
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