miércoles, 28 de septiembre de 2016

Y no decir nosotros


Terrenales instantes, alcanza la vista, soy, de debajo, hasta que yo tampoco
se lleva, no me quejo, criado, clavado, se aproxima, hierba, para otros brilla
¿y si despertara?, no en la tribu, buenos momentos, lo que habría significado ser alguien
con la descripción, es propio, sin la carga, en un segundo, frente a las nubes.

No necesitan, desfilan, sobre toda tu vida, te sentaste en tu oscuro cerezo
sueño porque oigo un muerto, distinto se ha vuelto, junto sus raíces, sueño inútil
me duermo y me despierto, lo destruyo, ninguna no-existencia, no cabe, creo
la relación no va mal, y lo que os pasa, y vosotras, tengo nombres, ninguno para mí.

Hacemos, se intercambian, lo aclararé, preguntadme, saber cosas, no sabemos
proyectamos sombras, cada una a su manera, qué es eso de ver, si además se es alguien
un monólogo, musgo, bosque, está aplazado por oscuros motivos, ¿para qué necesita?
sin vistas, cojeante, con una espina, desgarrada belleza, silencio terrenal, residuos.

En las alturas, hay que ayudarlas, muy interesante, cuando se agiten, esta prueba
que mire, y se hará, y callamos, yo pensé: «la mano instintivamente», por ahora, acaban
saludo a la bella, días de lluvia, una sonrisa, no vengas, evitaba sobretodo a los otros
luego, más allá, en dirección a las nubes, se cierra en un grito, no pueden, aun si lo quisieran.

¿Cómo mover o recorrer?, ¿cuando llenar?, de mil conversaciones escapa sigilosamente
el rumor, la alegría, no son para ella, aunque no mire nadie, se irá de nuevo, buscan
solamente los detalles, la sombra como testigo, el milagro, el día, ¿quién es la estatua?
¿y por qué?, no sé, siempre, venga, vámonos, siempre ha estado así, o quizá.

Porque no pueden, las que viven, las que de la vida, las mortales, en cierto país, un no
extrañamente un río, ciertos disparos, alrededor, algo ocurrirá, fotografía, todos siguen
con un rostro, y con la sangre, siguen ahí, describir ese vuelo, y no decir nosotros
sólo la lengua, mientras no se sepa, sobre otras hierbas, sobre otros árboles, sobre otros.


sábado, 24 de septiembre de 2016

Apunté, borré, me arrojaron


Y usarás, sin tener, habla, borrarás, ¿y qué dice? y en la pared
escribirás, ascetismo, así, sobre el hombro, adelanta, cuando me hirió
es para ella, contra los que, sólo se deja fotografiar cuando dice que sí
siempre me he negado, tú, sin embargo, objetiva.

Hiriera mi cuerpo, quien quiera, para derrocar, tal vez cante, bajo la nieve
y no debiéramos, el hambre, la culpa, nos dan de comer, nos revuelve
y no debiéramos, las muñecas, y canta, las muñecas, tiritan, el tiempo pasa
hasta el sueño, sólo por ser hueca, tiemble, y gire, porque todo, no sufra, ni amor.

Quédate, no puedes, usas, finges, doblar la rodilla, ni tampoco, un retrato
buscando retratos, y me di cuenta, para entrar, necesitaba, tenía bastante, abrí
con las manos, si queremos, frío, con mi ceniza, de noche, nos agarraremos
interrogado, ¿y fuiste culpable?, me gustan, a menudo paso, pregunta, ¿más preguntas?

¿Te sientes mejor?, y esperar, no quiero, no quiero usar, y aplazan, fue depositado
y los pliegues, desprecian, y no sabemos, ellos perduran, y pronto, casi siempre, coinciden aún
no es sólo preguntar, tenme, el agotamiento, ¿debería apagarme?, no me gustan
en la oscuridad, ser una misma carne, crees, deshacer, dar las gracias, domínate.

Lárgate, nuestro odio, tú, es decir, la máquina, y otras armas, la guerra
ya que los niños, no nos ha hecho avanzar, cuando en verano se agita, y la mirada refleja
y un enemigo, cuando en las conversaciones, cuando al nadar, flota en el aire la gente asustada
un miedo se alza, y contradice, él necesita, inútilmente.

Una casa vacía, y la certeza, mañana, mi aliento, las estrellas, es esto, transacciones
o en la habitación, hoy, el avergonzado, la película, no vayas, a quién, a buscar
que el miedo, no tengas miedo, a buscar árboles, espera, no escribas cartas
se está bien aquí, y a veces, el amor, intiman: apunté, borré, me arrojaron.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Con todas las estrellas


Surrealista, el rostro, entre el cielo y la vida, está bien, la vida, la cabeza
el mundo, el mundo, que asciende, se acumulan los sueños, la vida pasa
en la calle, en la ventana, el mundo físico, el vacío, la mujer sexuada, sólo una ventana
somete, el que mira, una arborescencia color de sangre derramaba, habían quedado
frente a las columnas, tenía el color, círculos de senos, pero el aire.

Mi frente, y el aire, chorros de aire, el sexo de lo bajo, ya no se tocará esa carne
ya no logrará abandonar, ya no pasará, rutas, concebir, constituye mi muerte
carne incompleta, mi pensamiento, ha fracasado, me destruyo a mí mismo, que salgan gusanos
retornan a la vida, sus flores, carne dura, fronteras de su vacío, su muerte
su devenir, se devora, se pierde, toda esa carne, ausencias.

La enfermedad, la salud, quiero decir, no hay enfermo, enferma mi vida, no pido más
estados de privación, mi ser es bello, mucho más, me dará, esta desintegración
es necesario, cuando tu sufrir, cuyo nombre es, a quien corresponde y no a médicos
un mundo postrado, soy una amapola, el puente, la ciudad, con sus arterias
los maravillosos frutos, un seno, las parejas, muy lejos.

Mi opinión, experiencias sistemáticas, barco propicio, los muslos, es ausencia, ala clavada
la aurora, con lengua, mi mujer, vidrio, ocupada, cerca de él, cuando se trata
horizonte, otros cisnes, está reservada toda eternidad, mis terminaciones nerviosas
antes de partir, me recomiendan, parece, la lectura, no resfriarme, no tiene precio
un mundo insólito, las joyas, criaturas que conducen, más blancas.

Tan bajo, tan leves, que llueva, que es la mía, las ruedas del sueño que se elevan
la ventana, yo estoy, nada de cuerpos, siempre el asesinato, detrás, sin pruebas
para la libertad, con sus hermosas manos, noche, una brecha, se desvanecen sombras
fuego, luz desgarradora, tu ojo, a gran distancia, sobrevivir, con todas las estrellas
en la sombra, el instante, para tu tobillo, tus muñecas, las pulsaciones, se borra, y tu rostro.


lunes, 12 de septiembre de 2016

La luz de la luna


No disfruto la luz de la luna en el cielo.

Veo su luz blanca pero, te digo, los negros sueños consumen mis noches de piedra.

Sus cráteres ya no me invitan al más allá sideral. Muero aquí, aquí.

Su bello rostro refleja la basura de mi horizonte. Detona entonces mi amargura.

No lo miro ya. En mis pesadillas ríe. De mí, te digo.

¿Gravitar sobre ella? El peso del mundo me aplasta.

Sólo pensarlo me hace sonreír de pena y desprecio.

Y guárdate tu risa, no es tuya, sólo es el reflejo de la luna. La luna blanca y fría.



Tu fin


Tratamiento cercano al autodesprecio.

Observación detenida de la insatisfacción.

Cumbres abismales. El acantilado.

El ático. El asfalto.

Líneas blancas del asfalto me muestran al otro artificial, la marioneta que soy yo. Tú.

Humo, vapor.

No prende. No aprender. Puertas cerradas.



Un pájaro blanco al viento. Siempre el francotirador mocoso le apunta. Basta.

No desesperes. Ven a mi coche.

En la noche vacía vuelan vanas incomprensiones que raptarán el aliento de las estrellas. Te amordazarán.

Ella te atará a una silla. Pacto de sangre, al fin. Tu fin.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Cielo en la pared (a mi madre)


Yo era un niño aún, mi madre había muerto años atrás. Yo apenas la recordaba, su realidad. Su ausencia, sí; su ausencia estaba muy presente en mí, en mi vida, en mi personalidad futura.
Apenas la recordaba: ¿la había borrado, eliminado de dolor, de trauma? No lo sé. Seguramente.

Lo que sí recuerdo es que me decían que ella estaba en el Cielo; y también que había sido enterrada.

Y me acuerdo, mirando hacia delante, echado en la cama. Y con una visión penetrante, fija veía a mi madre, en la pared, como aparecida, como creada, presente. Presente y ausente, lejana y cercana, a un tiempo.

La pared de mi habitación era el Cielo de mi madre, mi proyección, como dijo Freud; como los cristianos proyectan su Dios (a veces también en la cruz). En esa pared vi el cielo de mi madre.

Cuán potente es la mente humana, que genera el Deseo a partir de la carencia. Cuán potente fue la mente del niño que necesitó el amor materno, y creó un Cielo para ella, en la Pared.

Y si creé lo mayúsculo fue desde la infinita pequeñez, desde la necesidad. En el fondo no era algo mayúsculo: era el cielo de mi madre, nuestro precioso cielo.



Máscaras


Yo no llevo más máscaras que las que necesita mi alma para desvelarse.