miércoles, 23 de diciembre de 2015
Fuga
Bien. Más rápido que el caballo del malo. Una emboscada.
Llega la policía. Coge el dinero y corre. Un momento: me pongo bien gafas y sombrero. Me paso el dedo meñique por la ceja y ya desaparece la epidemia gris. Maquinarias multiplicadas última generación. Escapa. Imposible: prematuro. Abandona el país: vete a la tierra sin nexo. Continúa. En la aduana: cuidado, parece otra emboscada. No llorar, no tengo tiempo. El sombrero, bien. Destruye, es tu visado: ya estás en ningún lugar. Ansiedad descendiendo: vuelve; despierta. No, todavía no, antes eliminar. Aire contigo. Bien: el sombrero, la ceja: abolición. Por siempre cambiado. Las nubes, las palabras... adiós.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Poder y estupidez
Cuando alguien me sitúa en una encrucijada me niego a tomar la vía a la que me incita, aun con pérdida posible. No es en sí el ejercicio de poder supuesto en ello lo que me lleva a la negación, sino la estupidez implícita en que tal persona (más cercana o más lejana) se crea vanamente con el derecho a ejercerlo. Y ser generoso no tiene nada que ver -pienso- con dejarse incitar. No es crítica del poder en sí: es afirmar lo ilícito en su ejercicio; su prepotencia implícita me resulta estúpida.
martes, 15 de diciembre de 2015
El escrito
Hoy te he visto renovado, con una mirada nueva, saciada, completa. Como por primera vez, creo que es la primera vez. Hoy le estaba leyendo, caballero, y he podido tener la grata certeza de que ha dejado usted la máquina de calco: que ha dejado usted de copiar a Poe y a Duras, ha enviado a todos sus supuestos maestros de la academia a paseo y ha encontrado algo que decir: señor mío, hoy le he visto desarrollar una idea. No le he visto últimamente y no sé bien lo que le ha hecho encontrarse sinceramente ante sí mismo y oírse hablar, pero quiero decirle que me ha sido un grato placer, y más, una emoción, seguir sus líneas. Puro pensamiento, sólo pensamiento: un torrente. No parece que le haya resultado difícil en absoluto cabalgar sobre el tramposo amigo, la lengua que le imponen: más bien ha volado usted sobre ella, con pies ligeros, en un paseo genial, transmitiendo (diría que por primera vez, repito) algo propio, no el último sucedáneo de moda ya. Creo usted también habrá notado algo en este sentido, seguro: no sea avaro, repítalo, vuelva en alguna ocasión a desplegar las caricias de su intimidad. Seguramente hoy ya lo sabe: no tiene nada que vender, sólo buscar una vía, una salida. Señor, he visto hoy en usted a un buscador, a un necesitado. A un hambriento: a alguien con la carencia, pero la suya, auténtica. Hoy ha trazado usted los caminos de su grieta: no sea de los que niegan cobardes, habítela, si me permite expresarme abiertamente. Vuelva, la grieta volverá a usted, ya no le abandonará: hoy mira usted, lo sé, de otra manera. Respire y escriba así entonces: ¿cómo si no?
jueves, 10 de diciembre de 2015
La ciudad robada
Un encuadre preciso, definido; para aliviar el ajeno instante: la gastada, anacrónica máquina urbana - que se repite: la institución, la prostitución; los mediocres engranajes seguros de su propia actividad: nula. Y pasan las horas, y pasan los días - en la ciudad: hoy he sabido que me han clonado, y a ti también. Que nos suplantan por ahí la ya poco visible, oxidada identidad. Ésos ríen, discuten, pasan: y es mejor así, que pasen. Como pasa el cortejo de las vanidades: ¡pero se impone! No, aquí no... aquí no. Aquí hemos cerrado, mientras muchos celebran, en romanticismo gastado, contorsionistas, el día de cobro del paro. Y pasan los días, pasan los años, en nuestra ciudad robada.
lunes, 7 de diciembre de 2015
Escucha mundo
Escucha mundo; hoy voy a lanzar mi odio sobre ti.
Por tu agresión. Por eso que dices que es aire y me obligas a respirar: la dulce brisa que fluye roja entre las grietas del agujero dónde, paulatinamente, degenero se va tornando en amargura que se arrastra en su rostro de rechazo. Como un hueso mal lanzado a un perro, pretendes que te quiera, que te devore con devoción. Ni te has planteado comprender mis necesidades: amargo, eres una esfinge vacía y que caprichosa se impone, me pisa. Puedes quedarte con tus delicias, en el negro no te necesito. Roba los colores que me pertenecen. Ves al mercado a vender tu sucedáneo. Vende tus máquinas de escribir. Regala tu rechazo, vestido con demasiados diamantes falsos. Tú me pisas y entre las piedras me contorsiono: y vomito la náusea. Náusea de ti. Porque no, no acepto el hueso que me lanzas en tu grandeza; no es mía, no es grandeza para mí. Llévate tus dulces melodías seductoras, porque no eres mi patria: ni te comprendo yo tampoco, ni quiero hablar tu idioma: que te parta el rayo mínimo de mi agujero. Que suene esta vez la música de acordes auténticos, quebrados, perdidos. Lejanos en la memoria, cólera callada, de mi rechazo. Quédate la falsa moneda: tu miseria no vale, la mía sí.
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