domingo, 26 de abril de 2015
Como niños que juegan
¿Qué puedo decirte, querido amigo, que te pueda llegar? ¿Qué decirte ya, para que no interfieras tu muro? Sé que ese muro te ha hecho crecer, hacia la nueva construcción de tu fortaleza. Allí cantas con pájaros azules, y rechazas lo grave de un plumazo. ¿Cómo decirte?, ¿son las palabras la llave? ¿Quizás lo es un gesto, raro e improvisado, loco? Encontrarse en la locura, traspasar los obstáculos, planear en el abismo de una instantánea congelada. Un dedo roza el muro: la caricia que implanta los canales en la costa, en el mar de las posibilidades encontradas, compartidas; cuando te encuentro, en la orilla, dibujando en la arena, con una fina rama de árbol, un jeroglífico con el único fin de que lo borre la próxima ola que alcance a llegar, cuando ya se te ve en la risa que estabas esperando, preparándola en todo detalle: la risa que te caracteriza, te personifica; esa risa sin patria y en la que todo lo transgredes, y antes que todo, a ti mismo, con quien entonces te despachas con afilada y fría crueldad quirúrgica, como así lo quieres en tus sueños, en tu ley. Con maestría te desdibujas, y esa es tu enseñanza, tu saber; te minimizas como a ese jeroglífico en la orilla, con el fin de habitar otro lugar, al que decidiste llamar tuyo, el lugar de la visión imposible, donde pasas tus días con el rigor y la docta ignorancia de dos niños que juegan, construyen un castillo de arena en la oscura playa en la que tú deshechas tus jeroglíficos, en la noche atravesada transversalmente por el rayo. Ese rayo eres tú, y quizás yo tenga valor para lanzarme a tocarlo, pues quiero llegar a ti en estos días de tu vida, esos extraños días en los que parece que no funcionan las barreras, contra el cáncer, ante el que desfalleces y se apagan tus ojos. Pero claro, la vida nunca fue tu punto de vista, ni tampoco el mío.
miércoles, 8 de abril de 2015
¿Recuerdas?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas cómo te apresurabas a hacer un alto en el camino a ninguna parte y nos encontramos, ahí, en el bar de una estación junto al mar? ¿Cómo me hablabas de escribir un libro de tus hombres y empezabas a leer, o mirar, o tocar las líneas de mi mano? ¿Y cómo me fui con tu teléfono escrito en un papel con lápiz de ojos, y tú te llevaste también parte de la arena de la playa?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas que ése fue el primer día, pero vendrían muchos más?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas mi locura? Recuerdo cómo construiste sobre ella, y yo siguiendo tus pasos, con los ladrillos del amor. Yo no tenía pan y a la vez tuve todo el pan del mundo, todo el que necesitaba para mi verdadera alimentación: todo el aliento.
¿Recuerdas?
¿Recuerdas cómo en el exilio respiré el aire de tu ciudad? ¿Y cómo una brisa, aquel aliento, nos llevó a encontrarnos donde siempre habíamos permanecido: mano con mano, labio sobre labio?
¿Recuerdas cómo hiciste para que no tuviera duda de que recordabas? Día tras día, cerca y lejos. Lo hiciste. Y recuerdas que lo hice yo también, y que esa memoria lo es todo, en el recuerdo como en el porvenir, en la eternidad como en el tiempo (que son lo mismo).
¿Recuerdas? ¿Y recuerdan los que aman?
¿Sabes? Sí. ¿Y sabes que yo sé, sabes que recuerdo? Sí. Y sé que sabes que yo sé que recuerdas, que recuerdo... no el pasado... sino todo.
Como saben los amantes.
¿Recuerdas cómo te apresurabas a hacer un alto en el camino a ninguna parte y nos encontramos, ahí, en el bar de una estación junto al mar? ¿Cómo me hablabas de escribir un libro de tus hombres y empezabas a leer, o mirar, o tocar las líneas de mi mano? ¿Y cómo me fui con tu teléfono escrito en un papel con lápiz de ojos, y tú te llevaste también parte de la arena de la playa?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas que ése fue el primer día, pero vendrían muchos más?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas mi locura? Recuerdo cómo construiste sobre ella, y yo siguiendo tus pasos, con los ladrillos del amor. Yo no tenía pan y a la vez tuve todo el pan del mundo, todo el que necesitaba para mi verdadera alimentación: todo el aliento.
¿Recuerdas?
¿Recuerdas cómo en el exilio respiré el aire de tu ciudad? ¿Y cómo una brisa, aquel aliento, nos llevó a encontrarnos donde siempre habíamos permanecido: mano con mano, labio sobre labio?
¿Recuerdas cómo hiciste para que no tuviera duda de que recordabas? Día tras día, cerca y lejos. Lo hiciste. Y recuerdas que lo hice yo también, y que esa memoria lo es todo, en el recuerdo como en el porvenir, en la eternidad como en el tiempo (que son lo mismo).
¿Recuerdas? ¿Y recuerdan los que aman?
¿Sabes? Sí. ¿Y sabes que yo sé, sabes que recuerdo? Sí. Y sé que sabes que yo sé que recuerdas, que recuerdo... no el pasado... sino todo.
Como saben los amantes.
sábado, 4 de abril de 2015
Una isla
Una isla. El faro, el farero en una isla. El faro construído en cristal reflectante. Los diferentes colores, los rayos, atraviesan al imperceptible farero, también de cristal. Piedra de cristal. Madera, azul, cristal. El farero y el faro conforman una unidad orgánica, en simbiosis. No es una unidad, es una ínfima partícula en el magno archipiélago, ese extenso territorio cuyo nombre fue puesto, implantado hace ya tiempo por los gestores del planeta; se trata de una palabra a primera vista bella, pero tan ajena que llegó el día que decidí no pronunciarla ya, y es que se estaba dando el caso que hacerlo era para mí evocar al Demonio; trato de no evocarlo: trato -creo que con buen sentido- que el archipiélago se mantenga para mí en tonalidades habitables. Pero yo -el farero, el faro- sólo soy una partícula del archipiélago, una gota de agua en el mar. No, por supuesto: seamos rigurosos en lo obvio: yo no soy agua en el mar, no soy pez en el agua. En el juego de espejos con el medio hay carencia, hay distancia: no hay flujo, no hay inmersión. En las inmediaciones del faro hay senderos perdidos; se pierden en un bosque siempre oscuro, en el que caminar a tientas: porque refleja la gruta negra en la que habita el farero, ese pétreo faro del que sólo se pueden ver brechas, unas brechas similares a las que se están formando en las placas tectónicas de las islas del archipiélago, anunciando su cercano final.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)