martes, 15 de agosto de 2017
Mi fuga
Un ángel blanco que impone la vida merece los más grandes afectos
ya no tengo la llave a los grandes afectos
estoy roto, vivo roto
vacío, criminal
necio
mi fuga es así
amo a mi fuga sobre todas las cosas
mi fuga ha exterminado el amor
he autodestruído mi corazón
¡necio!
necesito desconectar
no amo el cosmos
la sociedad me horripila
me escondo... no puedo luchar con autenticidad
creo que nadie puede luchar con autenticidad, por otra parte
lloro sin lágrimas
querría una lágrima como tú quieres tu gastada luna
querría un grito
quiero el eterno silencio
algo me hace vivir
sufrí, por ello amo la vida
no el amor
no la especie humana
no el planeta
amo un sueño negado, imposible
día a día: sentado, de pie, tumbado, viajando, quieto
siento el dolor
que me embriaga
siento la vida
tengo esperanza en mi fuga hasta la muerte, hasta el deterioro último
no tengo fe
creo en lo mínimo
sé lo infinitesimal
elimino la presencia
el amor es la presencia, el corazón, el sentimiento
soy una sombra; no: soy una legión de sombras
escombros
no ruego, por supuesto
descanso en paz
llamo a la otra puerta
mínima
(llamo callado, no pido)
lloro sin llorar
no tengo sueños
proyecto
fumo si quiero, fumo más que eso
¿felicidad? ¿en prisión?
tú te sientes libre: entonces tú eres más esclavo
(aun en prisión) canto a la vida
no me agredas: no eres nadie
algún día, ya tarde, ya nunca, te encontraré
y me darás la lágrima: la lágrima real y mojada.
sábado, 22 de julio de 2017
Hay otras cosas
No corazón.
No sentimientos.
Es más que posible.
Pero no necesito que me lo repitas. Lo que me dicen una vez lo comprendo.
Hay otras cosas. Como escribió el poeta Mallarmé: debo ver las sombras en las que te conviertes.
Hay otras cosas. Eso pienso, ese es mi credo -te digo.
martes, 28 de marzo de 2017
Profanación y respuesta
I
A Ian le había sorprendido su abuela, la señora Martha Benn, señalándole una noticia del periódico. Sabía que él no leía los periódicos. Le dijo: «¿No es éste el músico que escuchas?».
Se anunciaba el memorial por la muerte del cantante de la banda de rock gótico Christian death, Rozz Williams.
Días atrás la abuela le había pedido que alejara el cenicero que él e Isobel habían dejado en la sala de estar repleto de colillas: «no volverá a suceder», pensó él.
La abuela pasaba horas en la sala de estar, habitualmente sola, sentada en su sillón (su marido, un militar, había fallecido hacía veinte años). Estos dos hechos relatados habían acontecido meses atrás. Este día, Ian se dirigió a la sala, hacia su abuela y le entregó un pequeño papel:
«Que no se apaguen tus ojos
nos queda mucho por vivir
¿podremos?»
Los ojos de la abuela Martha perdían su brillo. Ella guardaría el papel: más tarde, ya sola, lo enfundaría en un plástico transparente con una hojita de planta en su interior. La hojita quedaba debajo del texto.
II
Isobel hablaba con Ian sobre el Frankenstein de Mary Shelley, sobre la venganza que ejerció sobre su creador por carencia de amor recibido. Conversaban sobre si el constructor tendría que haber creado la novia que le pidió el monstruo, para alejarse de la humanidad a los confines del planeta, y poder vivir el amor en el olvido del rechazo a que la especie humana le sometía.
Atravesando la puerta principal del parque de Blackshore, sus manos se juntaron. Se detuvieron en un beso y se adentraron en el parque cogidos.
Llegaron a un lugar en el que encontraron a un grupo de jóvenes. Estaban plantados alrededor de un banco, eran siete. Rodearon a la pareja: por su aspecto gótico les empezaron a increpar:
-¡Qué pálidas caras! ¡Os vais a quedar más pálidos!
-¿Qué lleva, una lágrima pintada?
-...
Les golpearon y, en el suelo, les patearon con sus botas militares. Una patada abrió la cabeza de Isobel, que murió al instante. Desde el suelo Ian vio sólo una cosa: la camisa blanca de Isobel ensangrentada. La vio con toda claridad, aún con más claridad que la real, sumido como estaba él en el dolor y el caos de la violencia. Vió un blanco extremadamente brillante profanado por el rojo de la sangre. Eso vió, y salió de él un grito terrorífico, que hizo alejarse a toda la banda, mientras él quedaba inconsciente, en el suelo, junto a la novia muerta.
III
En la otra parte de la ciudad se localizaba el parque de Bighorn. Días después de la tragedia los mismos siete jóvenes se acercaron a una vieja mujer, burlándose de ella.
-¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?
La vieja levantó la cabeza, se abrió la antigua gabardina y sacó una ametralladora que había pertenecido a su marido muerto, rociando a balazos a los jóvenes. Acabó con todos.
La mujer se retiró unos pasos y, sentándose en un banco, dejó caer la ametralladora. Un rayo estallaba en la noche; empezó a llover a cántaros. Y a la señora Benn se le apagaron finalmente los ojos.
(En honor a Sophie Lancaster, y a las víctimas de las agresiones de grupo.)
martes, 14 de marzo de 2017
La suave queja
Hora del ocaso
los frutos redondos, los labios
en las nubes
tormenta
cruz y tarde
el manto
en las ventanas, un barco blanco
rojos rostros, la voz azul
en el oído
hermano mío
han pasado de largo
por derruidas gradas
queja por una muerte
susurra la queja
los ojos, un pájaro
y suenan
de otro modo
tan suave
de tarde vienen alegres
por el camino
todo está florido
la oscuridad me borró
pero sigue el apátrida
bajo las sombras
meditación dolorosa
tal vez vibran
en claras salas
tal vez
un aroma
el viento
de tarde
una criatura
siempre piensas
vacía y muerta
la ternura
calma
risa
allí afuera
largo tiempo escucha
con nieve
silente
ya madura
en la pétrea estancia
también está bien
suspirando la dulce guitarra
los aldeanos
bóveda de estrellas
dejó su podredumbre
imágenes de nubes
fluctúa
huye
en el fondo
con la melodía
putridez de paraísos
tal vez una luna
tal vez un paseo
el infierno
bajo purpúreas máscaras
recuerdo
la estrella se apagó
cuando ella
tenebrosa
solitaria sangra
suave en lo oscuro
oscura hora
incontenibles minutos
un gran dolor
se hunde sobre el espejo
voces volaron
tu cuerpo
horas y horas
persigue al cielo
fantasmagoría de la pasión
el estanque azul
dormido en el asfalto
hay sombras
en las ventanas
tarde en venta
verano amarillento
un grito en el parque
pasando ante mujeres
mercancías
su violín
una bandada de aves
la suave queja.
viernes, 10 de febrero de 2017
El silencio
Las antenas se dispersan por los cielos que estallan
las nubes rojas tiemblan
los pájaros en picado caen
el desierto es brillo dorado
las ardillas veloces se esconden entre los troncos del anochecer
tiemblo yo y tiemblas tú
el silencio calla sobre ti como un golpe
como un golpe el silencio calla sobre mí
como un golpe de hielo me deja inconsciente
me aniquila
me derrota
el silencio calla en todas las voces baratas de esta noche gris
el silencio amordaza a todas las voces de esta noche
la violencia es muda como este silencio aniquilador
como un rayo sobre mí el silencio me mata
el silencio ríe en esta noche normal
en esta noche de antenas no hay voces vivas ya
todo calla en su impotencia
es el silencio
es nada sobre mí
dentro mío
en tus antenas
en tus nubes
el silencio
habla
derrota
aniquila
amordaza
la violencia es muda
es este silencio que calla sobre ti y sobre mí
metálico
es un grito
es ensordecedor
es abrumador
es el rayo que estalla
este silencio
sobre el ser humano que muere
sobre el ser humano atado y sobre las ardillas del bosque
el silencio calla sobre los bosques y sobre las ciudades y sobre las antenas
calla sobre las nubes y te entierra en tu agujero
no salgas de tu agujero porque no tienes salida
sal si quieres porque no tienes salida
el silencio pesa en cada voz y en cada grito
el silencio canta la muerte de las noches y del amor
el silencio canta en su acorde megafónico la muerte de los niños
la muerte de todos los fetos
el silencio habla in vitro sobre mí
el silencio habla en la televisión que es tu voz
el silencio habla en la voz de mi amo
el silencio lacera
el silencio está hecho de martillos
golpean la piedra-Yo-Tú-Él
el silencio está inyectado en tus ojos
el silencio está en todas las banderas
sobretodo en las que van hacia un mundo mejor
el silencio ríe y se caga sobre las banderas que te van a salvar
el silencio se carcajea sobre mi estupidez y mi miedo
y sobre tu valentía barata
y sobre la de todos vosotros esclavos del silencio
seres humanos de un tiempo agotado
de un espacio de ratas y de sálvese quien pueda
el silencio me hace lamer el hueso oxidado de los días robados
del planeta Infierno en calma
el silencio en calma te golpea
me mata poco a poco
voz a voz
susurro a susurro
deseo a deseo
excitación a excitación
en el laboratorio de la vida humana
corrosivo me hinca el diente
corrosivo me devora su voz
todas las voces.
lunes, 6 de febrero de 2017
El juicio final
En el último trippie (ácido lisérgico, LSD) que tomé, con veinte o veintiún años (hace de esto ahora media vida mía) sucedieron varias cosas destacables. Comentaré una.
Lo tomé de noche, en grupo. Por cierto motivo, pasadas unas horas de «viaje», volvía a casa de madrugada, solo. En mi habitación sucedió lo siguiente. Pensé que si me dormía ya no despertaría, me moriría. Así pues, estuve despierto hasta la mañana, en que, absolutamente pálido, me trasladé con mi padre y su segunda mujer a Masnou, en coche, a pasar el fin de semana. Sigo pensando que hice bien en permanecer despierto.
En ese rato que estaba en mi habitación tuve una experiencia similar a la que en el cristianismo se llama Juicio Final. La experiencia consistió en que mis años pasados pasaron por delante mío en cuestión de segundos y yo me encontraba en la situación de evaluar si los había vivido en su plenitud, si me había sentido lleno de vida, satisfecho de mi vida pasada. Recuerdo que mi respuesta, más o menos visual e intuitiva, fue negativa. No me habían llenado. Quizás con esa negativa sólo estaba proclamando que no quería morir, que era aún joven para ello. Pero fue un hecho que tuve la sensación de haber desperdiciado mi pasado, no sé por qué bien bien, pues había llevado una vida con experiencias del todo habituales como para considerarlas «vida realizada», «vida vivida». En mi autojuicio no se trataba de si había sido bueno o malo, sólo se trataba de si había vivido la vida con intensidad; en tal sentido, si no me equivoco, se diferencia de la idea cristiana del Juicio Final llevado a cabo por Dios, no por uno mismo. En mi alucinación Dios «merodeaba por allí»... creo poder decir que era el que me propuso que me autoenjuiciase, digamos, el que me puso ante «la película de mi vida pasada» (que no duró más que unos momentos, fue rápido). Yo soy ateo, y en aquel momento si no era ateo era agnóstico, porque considero que Dios es una proyección de la mente, que no tiene realidad objetiva. Pero como proyección del cerebro en momentos extremos, como la ingesta de alucinógenos o también la proximidad de la muerte, creo que Dios sí existe. Creo que Dios es una potente proyección habitando en el inconsciente, que se realiza en esos momentos excepcionales, cumbre. O sea, que creo que un ateo puede tener la experiencia de Dios en los momentos anteriores a su muerte, pues pienso que esa proyección mental en su inconsciente se puede imponer, como he comentado, en el momento anterior a morir. Por tanto, considero que Dios es una especie de alucinación, una proyección, pero potente, que permanece latente en nuestros cerebros, no sólo del creyente sino también del ateo. Esto es, creo que Dios no existe objetivamente, pero que puede tomar existencia, actualidad, como proyección, como ilusión o como alucinación. Y el que tiene la vivencia de una alucinación, mientras ésta transcurre, piensa que existe (la alucinación): es más, no considera existente en ese momento otra cosa sino ella. Es posible que los últimos momentos de la vida humana estén asociados a esa experiencia (proyectiva, alucinatoria), no lo sé.
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