viernes, 10 de febrero de 2017
El silencio
Las antenas se dispersan por los cielos que estallan
las nubes rojas tiemblan
los pájaros en picado caen
el desierto es brillo dorado
las ardillas veloces se esconden entre los troncos del anochecer
tiemblo yo y tiemblas tú
el silencio calla sobre ti como un golpe
como un golpe el silencio calla sobre mí
como un golpe de hielo me deja inconsciente
me aniquila
me derrota
el silencio calla en todas las voces baratas de esta noche gris
el silencio amordaza a todas las voces de esta noche
la violencia es muda como este silencio aniquilador
como un rayo sobre mí el silencio me mata
el silencio ríe en esta noche normal
en esta noche de antenas no hay voces vivas ya
todo calla en su impotencia
es el silencio
es nada sobre mí
dentro mío
en tus antenas
en tus nubes
el silencio
habla
derrota
aniquila
amordaza
la violencia es muda
es este silencio que calla sobre ti y sobre mí
metálico
es un grito
es ensordecedor
es abrumador
es el rayo que estalla
este silencio
sobre el ser humano que muere
sobre el ser humano atado y sobre las ardillas del bosque
el silencio calla sobre los bosques y sobre las ciudades y sobre las antenas
calla sobre las nubes y te entierra en tu agujero
no salgas de tu agujero porque no tienes salida
sal si quieres porque no tienes salida
el silencio pesa en cada voz y en cada grito
el silencio canta la muerte de las noches y del amor
el silencio canta en su acorde megafónico la muerte de los niños
la muerte de todos los fetos
el silencio habla in vitro sobre mí
el silencio habla en la televisión que es tu voz
el silencio habla en la voz de mi amo
el silencio lacera
el silencio está hecho de martillos
golpean la piedra-Yo-Tú-Él
el silencio está inyectado en tus ojos
el silencio está en todas las banderas
sobretodo en las que van hacia un mundo mejor
el silencio ríe y se caga sobre las banderas que te van a salvar
el silencio se carcajea sobre mi estupidez y mi miedo
y sobre tu valentía barata
y sobre la de todos vosotros esclavos del silencio
seres humanos de un tiempo agotado
de un espacio de ratas y de sálvese quien pueda
el silencio me hace lamer el hueso oxidado de los días robados
del planeta Infierno en calma
el silencio en calma te golpea
me mata poco a poco
voz a voz
susurro a susurro
deseo a deseo
excitación a excitación
en el laboratorio de la vida humana
corrosivo me hinca el diente
corrosivo me devora su voz
todas las voces.
lunes, 6 de febrero de 2017
El juicio final
En el último trippie (ácido lisérgico, LSD) que tomé, con veinte o veintiún años (hace de esto ahora media vida mía) sucedieron varias cosas destacables. Comentaré una.
Lo tomé de noche, en grupo. Por cierto motivo, pasadas unas horas de «viaje», volvía a casa de madrugada, solo. En mi habitación sucedió lo siguiente. Pensé que si me dormía ya no despertaría, me moriría. Así pues, estuve despierto hasta la mañana, en que, absolutamente pálido, me trasladé con mi padre y su segunda mujer a Masnou, en coche, a pasar el fin de semana. Sigo pensando que hice bien en permanecer despierto.
En ese rato que estaba en mi habitación tuve una experiencia similar a la que en el cristianismo se llama Juicio Final. La experiencia consistió en que mis años pasados pasaron por delante mío en cuestión de segundos y yo me encontraba en la situación de evaluar si los había vivido en su plenitud, si me había sentido lleno de vida, satisfecho de mi vida pasada. Recuerdo que mi respuesta, más o menos visual e intuitiva, fue negativa. No me habían llenado. Quizás con esa negativa sólo estaba proclamando que no quería morir, que era aún joven para ello. Pero fue un hecho que tuve la sensación de haber desperdiciado mi pasado, no sé por qué bien bien, pues había llevado una vida con experiencias del todo habituales como para considerarlas «vida realizada», «vida vivida». En mi autojuicio no se trataba de si había sido bueno o malo, sólo se trataba de si había vivido la vida con intensidad; en tal sentido, si no me equivoco, se diferencia de la idea cristiana del Juicio Final llevado a cabo por Dios, no por uno mismo. En mi alucinación Dios «merodeaba por allí»... creo poder decir que era el que me propuso que me autoenjuiciase, digamos, el que me puso ante «la película de mi vida pasada» (que no duró más que unos momentos, fue rápido). Yo soy ateo, y en aquel momento si no era ateo era agnóstico, porque considero que Dios es una proyección de la mente, que no tiene realidad objetiva. Pero como proyección del cerebro en momentos extremos, como la ingesta de alucinógenos o también la proximidad de la muerte, creo que Dios sí existe. Creo que Dios es una potente proyección habitando en el inconsciente, que se realiza en esos momentos excepcionales, cumbre. O sea, que creo que un ateo puede tener la experiencia de Dios en los momentos anteriores a su muerte, pues pienso que esa proyección mental en su inconsciente se puede imponer, como he comentado, en el momento anterior a morir. Por tanto, considero que Dios es una especie de alucinación, una proyección, pero potente, que permanece latente en nuestros cerebros, no sólo del creyente sino también del ateo. Esto es, creo que Dios no existe objetivamente, pero que puede tomar existencia, actualidad, como proyección, como ilusión o como alucinación. Y el que tiene la vivencia de una alucinación, mientras ésta transcurre, piensa que existe (la alucinación): es más, no considera existente en ese momento otra cosa sino ella. Es posible que los últimos momentos de la vida humana estén asociados a esa experiencia (proyectiva, alucinatoria), no lo sé.
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