miércoles, 23 de diciembre de 2015

Fuga


Bien. Más rápido que el caballo del malo. Una emboscada.
Llega la policía. Coge el dinero y corre. Un momento: me pongo bien gafas y sombrero. Me paso el dedo meñique por la ceja y ya desaparece la epidemia gris. Maquinarias multiplicadas última generación. Escapa. Imposible: prematuro. Abandona el país: vete a la tierra sin nexo. Continúa. En la aduana: cuidado, parece otra emboscada. No llorar, no tengo tiempo. El sombrero, bien. Destruye, es tu visado: ya estás en ningún lugar. Ansiedad descendiendo: vuelve; despierta. No, todavía no, antes eliminar. Aire contigo. Bien: el sombrero, la ceja: abolición. Por siempre cambiado. Las nubes, las palabras... adiós.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Poder y estupidez


Cuando alguien me sitúa en una encrucijada me niego a tomar la vía a la que me incita, aun con pérdida posible. No es en sí el ejercicio de poder supuesto en ello lo que me lleva a la negación, sino la estupidez implícita en que tal persona (más cercana o más lejana) se crea vanamente con el derecho a ejercerlo. Y ser generoso no tiene nada que ver -pienso- con dejarse incitar. No es crítica del poder en sí: es afirmar lo ilícito en su ejercicio; su prepotencia implícita me resulta estúpida.


martes, 15 de diciembre de 2015

El escrito


Hoy te he visto renovado, con una mirada nueva, saciada, completa. Como por primera vez, creo que es la primera vez. Hoy le estaba leyendo, caballero, y he podido tener la grata certeza de que ha dejado usted la máquina de calco: que ha dejado usted de copiar a Poe y a Duras, ha enviado a todos sus supuestos maestros de la academia a paseo y ha encontrado algo que decir: señor mío, hoy le he visto desarrollar una idea. No le he visto últimamente y no sé bien lo que le ha hecho encontrarse sinceramente ante sí mismo y oírse hablar, pero quiero decirle que me ha sido un grato placer, y más, una emoción, seguir sus líneas. Puro pensamiento, sólo pensamiento: un torrente. No parece que le haya resultado difícil en absoluto cabalgar sobre el tramposo amigo, la lengua que le imponen: más bien ha volado usted sobre ella, con pies ligeros, en un paseo genial, transmitiendo (diría que por primera vez, repito) algo propio, no el último sucedáneo de moda ya. Creo usted también habrá notado algo en este sentido, seguro: no sea avaro, repítalo, vuelva en alguna ocasión a desplegar las caricias de su intimidad. Seguramente hoy ya lo sabe: no tiene nada que vender, sólo buscar una vía, una salida. Señor, he visto hoy en usted a un buscador, a un necesitado. A un hambriento: a alguien con la carencia, pero la suya, auténtica. Hoy ha trazado usted los caminos de su grieta: no sea de los que niegan cobardes, habítela, si me permite expresarme abiertamente. Vuelva, la grieta volverá a usted, ya no le abandonará: hoy mira usted, lo sé, de otra manera. Respire y escriba así entonces: ¿cómo si no?

jueves, 10 de diciembre de 2015

La ciudad robada


Un encuadre preciso, definido; para aliviar el ajeno instante: la gastada, anacrónica máquina urbana - que se repite: la institución, la prostitución; los mediocres engranajes seguros de su propia actividad: nula. Y pasan las horas, y pasan los días - en la ciudad: hoy he sabido que me han clonado, y a ti también. Que nos suplantan por ahí la ya poco visible, oxidada identidad. Ésos ríen, discuten, pasan: y es mejor así, que pasen. Como pasa el cortejo de las vanidades: ¡pero se impone! No, aquí no... aquí no. Aquí hemos cerrado, mientras muchos celebran, en romanticismo gastado, contorsionistas, el día de cobro del paro. Y pasan los días, pasan los años, en nuestra ciudad robada.


lunes, 7 de diciembre de 2015

Escucha mundo


Escucha mundo; hoy voy a lanzar mi odio sobre ti.
Por tu agresión. Por eso que dices que es aire y me obligas a respirar: la dulce brisa que fluye roja entre las grietas del agujero dónde, paulatinamente, degenero se va tornando en amargura que se arrastra en su rostro de rechazo. Como un hueso mal lanzado a un perro, pretendes que te quiera, que te devore con devoción. Ni te has planteado comprender mis necesidades: amargo, eres una esfinge vacía y que caprichosa se impone, me pisa. Puedes quedarte con tus delicias, en el negro no te necesito. Roba los colores que me pertenecen. Ves al mercado a vender tu sucedáneo. Vende tus máquinas de escribir. Regala tu rechazo, vestido con demasiados diamantes falsos. Tú me pisas y entre las piedras me contorsiono: y vomito la náusea. Náusea de ti. Porque no, no acepto el hueso que me lanzas en tu grandeza; no es mía, no es grandeza para mí. Llévate tus dulces melodías seductoras, porque no eres mi patria: ni te comprendo yo tampoco, ni quiero hablar tu idioma: que te parta el rayo mínimo de mi agujero. Que suene esta vez la música de acordes auténticos, quebrados, perdidos. Lejanos en la memoria, cólera callada, de mi rechazo. Quédate la falsa moneda: tu miseria no vale, la mía sí.

lunes, 30 de noviembre de 2015

La vida humana


Se da el caso de personas de las que en términos generales se puede decir que les cuesta expresarse, que tienen un rico mundo interior, incluso analfabetos (aunque hoy más bien hay sobrealfabetización, excedentes de significación). Creo que esas personas de las que hablo pueden superar y superan con creces en experiencias (en experiencia) a muchos de aquéllos que pueden caracterizarse por su locuacidad, persuasión, etiqueta. Eso: etiqueta. Hay muchos que están seguros de sí, de lo que venden. Pero si hablamos de expresión, señores, lo que cuenta es el mundo interior. Y ese mundo interior surge y se expresa en bloque, como un torrente callado, como la imagen que da el espejo (directa, instantánea). Cuando se trata de expresión la etiqueta es papel mojado, mero sucedáneo. No transmite. Defino pues la transmisión como la actualización de otro mundo interior (el de otro) en mí, y viceversa (recíprocamente). Y niego la definición de la transmisión como dibujo y consolidación de una etiqueta, como intercambio de mercancías. Niego el poder de la gramática con el que se confeccionan las etiquetas. Niego que en esa gramática - metafísica del pueblo, como con razón diagnosticaba Nietzsche - se dé la transmisión, la expresión. Más la puedo ver en personas balbuceantes que construyen lenguas extranjeras, inventadas, ruidosas, agrietadas. Las grietas son canales del mundo interior hacia el infinito galáctico y la madre tierra. De muchos que en términos generales puede decirse que les cuesta expresarse, puede decirse también en términos de concreción que se expresan plenamente con un gesto, con un latido, con la bomba de respiración. Ellos han tenido el coraje de eliminar lo superfluo, eso que instituye y prostituye los pueblos de hojalata, el dios-lenguaje, por tratar de hacer posible la transmisión, la expresión, el encuentro; en otras palabras, la vida humana. Y yo querría contarme entre ellos. Y querría que de ellos surgiera el pueblo, pero no.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Doy gracias


Doy gracias al tren que descarriló y volvió a la ruta; murieron pasajeros, pero continuó.
Doy gracias a la pareja de abuelos que pasea el perrito al anochecer, bajo las farolas de noviembre, en Mataró.
Doy gracias al que me indica, con rápido gesto, el camino elevado. Y le creo.
Doy gracias al buen sonido, al buen silencio.
Doy gracias a la sala de espera de ti.
Doy gracias a los pájaros plateados en mis ojos fijos.
Doy gracias al porvenir, el porvenir negado.
Doy gracias, pues, a la hierba que aún crece en algún lugar.
Doy gracias a los niños de los suburbios.
Y a los cisnes de ningún lugar también, doy gracias.



jueves, 12 de noviembre de 2015

Fashion


Hoy el traje se ha desvirtuado. Y es que ahora el traje es Tecno-casa. ¿Dónde están los trajes con sombrero de William Burroughs en Tánger? ¿O el de Al Capone? ¿O incluso el de mi papá yendo al trabajo? ¡Ya no están! Ya no están: hoy el traje es Tecno-casa, la corbata es verde pasión, y el almuerzo está aún más desnudo.

El baile más transgresor

En una orilla distante - luchar con ojos cerrados, la estatua vacía. La arena disolviéndose, el cristal. Hoy, el sonido bélico: mírate, entre los alambres. ¿Qué barbarie emerge, sin dilación? Señalizaciones te impiden continuar, hoy. La barbarie chirría. Cuando me miro, chirría. No puedo ya. La flor marchita, en la orilla. El grito, la huida: surges en tu voz que niega. Callas; callas y niegas. Marionetas permanecen, danzan. Y éso es lo que me encontré, mirando atrás, ya muerto. No me olvides, no quiero dejarme de lado. No me dejes de lado, cuando se apaguen las luces, y la música fallezca. Mi corazón entonces, rojo vino, renacerá, en una tierra sin pretensiones, distante, en la orilla. La música del piano sonará nuevamente, lejana. Despojos de mí florecerán en tus ojos, como pestañas cósmicas. Sobre los despojos nos obligaremos, en manos prometidas, al baile más íntimo, más transgresor. Y las luces se apagarán; se apagarán y se encenderán: sobre nuestro ojo, y más allá, en lo descompuesto, parpadearán, sin fin.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Azar, máscara, grieta


Pon un poco de aleatoriedad en tu vida para seguir.

El hábito llevado hasta el fondo, y entonces, zassss..., el momento ciego de la cámara, la amnesia autoinducida como un fogonazo. Variación de potencial a través del olvido cuidadosamente escogido. Cortocircuito del discurso mental, cortocircuito de lo racional: el exterminador de William Burroughs: personaje absolutamente necesario en tu mente el día de hoy, y hacia el porvenir. Aire: respirar en el corte, respirar a través de la grieta; el afuera, no el edificio construido con tu sistema de signos. No tienes sistema de signos: nos robaron los signos. Ahora está todo por construir: me manifiesto aquí y hoy por el gesto y por el silencio. Por el corte, la grieta. El gesto desnudo, crudo, que es máscara, que se ha trasladado ya: es trayecto, velocidad. La desnudez pura es máscara también, si es gesto. Está más vestida que muchos de tus trajes de carcelario, de tus caretas de Uno y más de lo mismo. Matar el signo: mata, por una vez. Con el azar germina el trayecto, la vida, la danza: el gobierno, la elección, entonces, sólo puede ser reencadenar tus instantes irracionalmente, en simulacro de realidad; como mueca a la realidad germina la metamorfosis de las máscaras en el sujeto y no en el objeto, en lo mental y no en el cuerpo (desnudo o vestido), no en rostros (que pintar): muecas como gestos que germinan, no como signos que fallecen: mata al tirano, en la grieta.

La elección, el trayecto vital, está en el azar de tu mente; en dar un lugar al azar por el bien de gobernar, canalizar los latidos de tu cerebro, el pincel y el compás de tu sangre: extirpa los coágulos.

lunes, 5 de octubre de 2015

Carta al hermano menor desconocido



No debemos forzar a las personas cercanas, tampoco a las lejanas. No imponer, no controlar. Extermínate si es necesario, mata tus impulsos, pero no mates a tu alrededor. No atar. Quizás no sea fácil, pero trata de seguir esta consigna. Deja volar al ser amado, ¿por qué estrangularlo? Haz que de la nada surja la expresión, el gesto que lo diferencia. No el que lo iguala, no el que lo niega como singularidad. Antes no podrás quererle. Antes no habrás compartido nada con él. Nietzsche escribió: "no la ausencia de amor, sino la ausencia de amistad, eso es lo que hace los matrimonios desgraciados". Considera la caricia, considera el susurro cálido, olvida la garra, olvida el mandato. Sé hombre, descubre tu entorno, inténtalo, no es difícil, un pie, luego otro, y ya verás; no desesperes, llegarás a ello. Llegarás a la persona que tienes delante, y te encontrarás en el espejo. Tras el ansia de tantas propiedades por primera vez tendrás algo propio. Ves hacia lo desconocido. Quiere lo desconocido. No lo sabido, busca lo por conocer. Desconfía de lo normal, llegarás a amar lo diferente, a degustarlo. En un festín infinito. Hay carencia, hay vacío, pero es un trampolín: el vacío es el salto. Persevera en ti. No te rindas, afina el oído, hacia lo nuevo. Cortocircuita el tópico.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Islotes flotantes // Floating islands


ISLOTES FLOTANTES


Islotes flotantes sin actuar. Este es el sitio.
Continúa prohibiéndome, insignificancia estable, en la noche. Trastorno gradual.
La noche ennoblecida.
Perros vagabundos, en fragmentos. La desnudez enmascarada. Las camisas que eliges: solicitan informe.
Sin objeto. Semipájaros. La cámara no funciona hacia delante. Pájaros cayendo, libres de nuestra vigilancia. Nada es sorprendente. Ultrasónicos.
Profunda reflexión: adiós al cansancio. Una nueva llegada en flujo, ilimitada. Vagones. Partir.
Inmersión caprichosa. Los hombres inmóviles, cantidad de semejantes, insostenibles pensamientos. Exilio. Izar las velas. Partir.
Este es el sitio.



FLOATING ISLANDS (english version)


Floating islands without acting. This is the place.
Continue forbidding me, stable insignificance, at night. Gradual disorder.
The ennobled night.
Stray dogs, in fragments. Nakedness masked. Shirts you choose: request report.
No objectification: aimlessly. Half-birds. The camera does not work forward. Falling birds free of our vigilance. Nothing is surprising. Ultrasonic.
Deep cogitation: goodbye to fatigue. A new arrival in flow, unlimited. Wagons. Depart.
Whimsical immersion. The motionless men, amount of such, unsustainable thoughts. Exile. Hoist the sails. Depart.
This is the place.



Con la versión inglesa he compuesto un video con la canción a raíz de la cual surgió el texto. Se puede ver en mi canal de YouTube: Floating islands -- música y video por Nacho Millet (Blue outflow)

viernes, 18 de septiembre de 2015

Decirte no


You've thrown the worst fear
That can ever be hurled
Fear to bring children
Into the world

Bob Dylan  (Masters Of War)



No quiero que me evalúes.
No quiero tu mirada escrutadora con un mecanismo del tres al cuarto, robada a dos balones de fútbol en la pantalla.
No quiero tus ideas de padre de hijos lejanos y atrincherados.
No quiero que te acerques a insinuarme la medida en que me desvío de tus ideales, pues tus ideales no son los míos. Tus ideales los ha escrito el gobierno entre meeting televisivo y sonrisa cínica.
No quiero que sopeses mi presencia en la balanza del cálculo reductor. Redúcete tú, cabrón.
No me identifiques. No te creas lo que crees ver con tu saber adquirido por vacío cerebral, por parálisis anímica. Tanto das, tanto recibes: te vendiste. No comprarás: tus cuentas no saldrán. Sal de delante mío.
Ni sueñes con que juegue contigo: tu juego está trucado, como encierras al gato, como amargas a tu mujer: pronto serás viudo y no te encerrarán, cabrón. No me juzgues: la justicia te la pasas por el forro, perro. Y te las das de líder del barrio. Tú haces este mundo odioso: gracias a ti los niños crecerán distorsionados. ¿Te lo haces fácil, cabrón? No tienes mérito, sabandija. Vete con todos tus ánimos de político reformista por donde has venido porque yo no me trato con quien me utiliza: yo, fácilmente, de un soplo, te elimino. Pero el mundo es tuyo, cabrón, el mundo es de los que se han negado, de los que se derrumbaron: ¡Derrumbe! ¡que gran poder, cabrón; materia infecta de la que está hecho tu éxito! Constructores de estupidez, os necesito. Ceros a la izquierda, dirigid este mundo hacia el porvenir.
Sal de mi vista, cabrón. Y ya no estás, aunque aún te odio.

viernes, 4 de septiembre de 2015

El amor permanece hoy / Love remains today


El amor permanece hoy


Dedicado a Rosa



Lo haría por ti.

Seguramente lo hago, lo hago por ti, como tú lo haces por mí.

Estoy bien. Gracias.

Contento de que cojas mi mano cada nuevo día. Contento de soñar contigo cada noche. Feliz de estar en tu vida.

Orgulloso de estar en tu vida.

Orgulloso de construirme en el espejo, para desaparecer pronto, para construirme de nuevo y desaparecer y construirme. Tan orgulloso de ti. Tan orgulloso de ti desapareciendo. Tan orgulloso de ti y de mi, ángel en mi corazón.

Sabes que nunca te llamé "ángel en mi corazón". ¿Importa, cuando todos los nombres llevan a una sola destinación, objetivo? Es un verdadero objetivo (goal, en el original inglés) no un gol de fútbol. (goal=gol/objetivo)

Me gusta mucho cuando me veo a mí mismo acariciando la verdad, es como música de Mogwai haciéndome ir ahí, ahí fuera de mi cabeza. Desapareciendo. Desapareciendo, es tan bonito. Tú me haces desaparecer en el espejo, querida. 

Me haces reptar en secreto. A tu jardín secreto. Tú eres tan bella ahí. En mi mente.

Ahí, en mi mente. Es solamente porque respetaste esta distancia que la puerta a mi corazón, a mi vacío fue EXACTAMENTE abierta. Oh, maldita sea, tienes la maldita llave. Es bello.

No lo sabíamos el primer día, no sabíamos que ocurriría. Oh, pedazo de mierda, qué grande es cuando la vida te deja tener lo que quieres. No en el primer momento, la vida te lo da más tarde. Tras esperar. Esperar sin esperar, con ojos cerrados a la espera, con ojos abiertos al regalo, el regalo que vendría más tarde, tras esperar sin esperar. Con ojos vivos, nunca cerrados. La vida te lo da aunque sea por un momento. Entonces has acariciado la jodida verdad. Lo HICISTE. Bien hecho, amigo. La vida te da la evanescente, la invisible cuerda.

Gracias por este momento interminable, ángel en mis cansados ojos. Volviendo a la vida, porque tuvieron fe. La fe no era tan mala, pues no era fe en dioses, sino en ti, en la vida, cuando me diste esa vida en una bandeja de plata. En el plateado de tus ojos en mi mente, en una mirada secreta. La mirada que alcanzo cada nuevo día con una llave tan secreta como lo imposible, como lo irreal.

Hay un dibujo de un niño en la orilla que no hay ola que pueda destruir hoy. ¿Qué hay acerca de mañana?

Gracias por la música eterna que trajiste a mis pies. Gracias por hacerme ver en el espejo la tierra más allá de las preguntas.

El escape de mí mismo hoy, como cada día.

El amor permanece hoy, gracias a ti, adónde puedo volar rasante.



*


Original en inglés/Original in English:



Love remains today


I'd do it for you.

Surely I do, I do for you, as you do it for me.

I'm fine, thanks.

Glad you take my hand every new day. Glad to dream of you every night. Happy to be in your life.

Proud to be in your life.

Proud to build me in the mirror, to dissapear soon, to build me again and dissapear and build me. So proud of you. So proud of you dissapearing. So proud of you and me, angel in my heart.

You know I never called you «angel in my heart». Does it matter, when all names lead to just one destination, goal? It's a true goal, not a soccer one, dear.

I like a lot when I see myself caressing truth, it's like Mogwai music just making me go there, there out of my head. Dissapearing. Dissapearing, is so nice. You make me dissapear in the mirror darling.

You make me crawl in secret. To your secret garden. You are so beautiful in there. In my mind.

In there, in my mind. It's just because you respected this distance that the door to my heart, to my emptiness was EXACTLY opened. Oh, hell, you got the goddamn key. It's beautiful.

We didn't know it the first day, we didn't know it would happen. Oh, piece of damn, how great is when life lets you get what you want. Not in the first moment, life gives it to you later. After waiting. Waiting not waiting, with eyes closed to the waiting, with eyes open to the gift, the gift that would come later, after waiting without waiting. With eyes alive, never shut. Life gives it to you though it be for a moment. Then you've caressed the fucking truth. You GOT it. Well done friend. Life gives you the evanescent, the invisible string.

Thank you for this endless moment, angel in my tired eyes. Returning to life, because they had faith. Faith was not so bad, when it was not faith in gods, but in you, in life, when you gave that life to me in a silver tray. In the silver of your eyes in my mind, in a secret sight. The sight I reach each new day with a key as secret as the unpossible, as the unreal.

There's a drawing of a child in the shore that no wave can destroy today. What about tomorrow?

Thank you for the eternal music you brought to my feet. Thank you for making me see in the mirror the land beyond questions.

The escape of myself today, as every day.

Love remains today, thanks to you, where I can fly ground.



lunes, 27 de julio de 2015

La percepción sutil

La percepción sutil. Silencio, o una voz susurrada, casi en la evanescencia. Y a la vez un grito.
No sólo un grito: un grito no es sutil, no es la percepción sutil -por la que me estoy cuestionando.
En el fondo me estoy cuestionando por el estilo, por la cuestión del estilo (como cuando se habla de un estilo literario); percepción, expresión y estilo van de la mano.
La cuestión es qué me gusta percibir, cómo. Cuándo y cómo estoy como confiado en mi percepción (y, como vio ya Berkeley, ser y percepción se identifican).
Me ha venido a la mente la respuesta, la imagen.
No gusto especialmente, o en lo propio, del grito, como quizás tampoco es mi propiedad diferenciada el silencio en sí. La (o mi) percepción sutil es cuando aparecen al unísono silencio y grito, juntos y diferenciados; finalmente llevados a la síntesis.
La síntesis es la presencia de la imagen de la piedra como unidad y a la vez de sus venas, sus fibras, sus grietas.
Estamos ante una coincidentia oppositorum (unión de contrarios), así como ante una polaridad en la correspondencia. La combinación es la regla del juego, como en las «correspondencias» baudelairianas o en lo estelar mallarmeano. Es la pluralidad de estrellas desplegadas en la unidad de la noche, en correspondencia. Es la antítesis del culto solar, si lo entendemos en estos términos.
El sol es autosuficiente, poderoso, se nos presenta como unidad luminosa autónoma. El sol se puede identificar fácilmente con el dios-padre. Es el poder, pero no es lo sutil, mi sutil. No es mi propiedad. Es el grito aislado, es el silencio enclaustrado, mas no esa percepción sutil a la que puedo llamar ahora libertad. Pasajera y efímera, como la percepción, como lo sutil: así puede ser, y sólo entonces, la libertad. Libertad de gobierno, libertad de la polaridad: oscilación, potencia de elegir; pero elegir en la unidad de contrarios, recordemos.
No es el poder del sol, del objeto (unitario). Es la noche del poeta Mallarmé, con sus estrellas desplegadas en el paño de la noche, o la disposición resultante de los dados de Heráclito (el del «polemos») lanzados sobre la mesa. Es la regla, definida por Nietzsche como eterno retorno: es el juego, es la transgresión. No el grito, no el silencio, sino su coincidencia, la coincidencia de esa percepción, esa percepción sutil, que me (nos) eleva. Es la nueva salud (en la coincidencia de salud y enfermedad). Es la resistencia, la transgresión (al fin). Y, con ello, la aceptación, la resignación.
La percepción es sutil como un humo de cigarrillo que se eleva y desaparece. Esa sutileza es una cuestión de humor. Grito y risa, risa como grito. Como de la correspondencia del grito y del silencio se trata de este silencio combinado con la carcajada: la síntesis es la risa silenciosa; yo la solía llamar -cuando pensaba más en estos temas- risa cerebral. Y es que -podemos pensar- por el cerebro corren los circuitos, las grietas, como por la piedra preciosa sus venas.

jueves, 9 de julio de 2015

Indigencia


La vida da vueltas.

¿Correr? ¿Caminar? Para luchar contra los problemas respiratorios un buen médico como el mío parece ser -aunque ahora está muy ocupado atendiendo las responsabilidades de diversos centros hospitalarios de la ciudad, pues ha obtenido ese difícil cargo, en los tiempos que corren para la sanidad pública- me recomienda caminar, caminar mucho, y caminar rápido.

Realizar actividad motriz tan humana como caminar también ayuda a no engordar. Si engordamos y tenemos problemas respiratorios no pasa mucho tiempo hasta que no podemos subir una pequeña cuesta, alcanzar la cercana calle. Y con ello, obviamente, aumentan nuestros problemas de peso y respiración, con lo que entramos ipso facto en un estado enfermo y con la muerte a la vuelta de la esquina.

Es obvio. Sobretodo, esto último que he comentado es obvio si tenemos ya cierta edad, esa edad en la que vemos como seres queridos o individuos del vecindario van cayendo muchas veces así, como de repente. De repente: muchas veces no podemos controlar los giros que toma la vida, pero considero acertado tomar entonces los mínimos riesgos posibles, ante lo que podríamos hacer la excepción de los riesgos que sea interesante aceptar, aquellos que vayan con la propia cosmovisión del sujeto en cuestión, ya seamos tú o yo. Debemos enfrentarnos al destino pero, a la vez, como en una coincidentia oppositorum (unión de contrarios), aceptarlo y sumergirnos en él y sus viajes y peripecias, en sus balbuceos y quiebras también. Nos enfrentamos al destino cayendo en él, como Oscar Wilde dice que no hay mejor manera de evitar una tentación que cayendo en ella. Estamos apañados.

Debo pues dar mis paseos diarios porque, de otra manera, como iba diciendo, me iba. No es que no me vaya a ir de esta manera, pero quizás sea entonces pasado mañana y no esta noche.

La vida da muchas vueltas, y en esos paseos veo gente pobre. También se pueden ver por Internet, en la T.V. Muy rara vez esos pobres son voluntarios, y siempre pasan penurias, más en las estaciones inclementes, más en el ruido ajeno de la gran urbe.

Me refiero a esos pobres que difícilmente tienen voz. Aunque pueden gritar su dolor, el dolor quebrado de un mundo hostil que les envuelve. Y cuando digo «envuelve» quizás no soy suficientemente preciso, porque me refiero a un interior, no a un envoltorio exterior: el mundo hostil les penetra hasta la más íntima de sus células, hasta la más profunda conexión de sus circuitos cerebrales; les dirige el tempo de la respiración, les varía y reduce ese tempo, como el de los latidos de su corazón, en trance ajeno y desbocado.

Muchos de ellos no «se lo han buscado». En todo caso, todos ellos son tan personas como tú y como yo. Pero tú y yo no estamos en su lugar, a no ser que estés recogiendo este escrito de un cubo de basura en el que hayas buscado un trozo de bocadillo semienvuelto en papel de plata. La única plata que ves, si no es también la que veas en el brillo de todos esos portales de edificios en los que no puedes entrar por las noches; la plata que seguramente estás acostumbrado a ver a través de la iluminación de todas esas ventanas ajenas, en la noche; la plata que son todos esos lugares en los que no puedes, legalmente, habitar, pues has sido condenado, aunque una supuesta constitución del país diga que esa condena no es legal ni legítima, que no, que tú tienes derecho a «un techo». Tú, indigente: la plata del duro asfalto, la plata de las bocinas y motores que vomitan en tus oídos necesitados de descanso hasta la extenuación, hasta que caigas rendido en cualquiera de esos lugares que cuidadosamente seleccionas de entre las cada vez más limitadas posibilidades que te deja la urbe, antes de que unos policías te anuncien que no, que ahí no, o que a un grupo de soldaditos les dé por rociar con gasolina el cajero automático contigo dentro; cajero en el que aún no está vedado que pases ahí la noche, perturbando la imagen de esa pareja que saca unos buenos euros nocturnos, ante una cámara de vigilancia por cuyo micrófono incorporado se te exigirá que desalojes tal propiedad privada seguramente al poco de haber conciliado el sueño. A pesar de que consigas algún lugar dónde pasarte agua por el cuerpo perturbarás, a buen seguro, nuestra imagen. Lo sé.

Lo sé.

No perturbas mi imagen, o al menos lo intento. Lucho. Lucho con mi interior. Lucho con el fascismo mediático que se pretende introducir desde cualquier lugar, en cualquier lugar de mi cuerpo, en todo lugar de mi cuerpo y cerebro. Yo también estoy maltrecho. No, no como tú, no seamos ridículos. Lucho. Lucho por reconocerte, y hasta que no te pueda ver no seré persona.

Pero sigo siendo yo, como tú, que me lees. Tan hipócrita como yo, ése eres tú. Y tan denigrado, aunque hagamos tabla rasa de esa denigración.

Yo sigo con mis paseos, tu sigues con tus pinturas, mi vecino sigue con su fútbol, el otro anteayer agredió a su mujer.

Paseamos o luchamos, pero en la denigración. Lucho por verte, indigente, pero lejos. En realidad nunca te reconoceré, y con ello, como conclusión estrictamente lógica, nunca alcanzaré a ser yo. Y, la verdad, pienso que no sólo yo, pienso que nadie alcanzará a ser él mismo. Todo es vanidad, vanidad en la denigración; vanidad por carencia, no por plenitud. Nadie quiere la indigencia pero todos lo somos aunque, con tu fría y vacía mirada, lo niegues ciegamente.





INDIGENCE (translation to english)


Indigence

Life turns.

To run? To walk? To fight against breathing problems a good doctor as mine seems to be - though now is very busy on the responsibilities of various hospitals in town, as he has obtained this difficult position, in these times for the Public Healing- recommended me walk, walk a lot, and walk fast.

Make such a human motor activity as walking also helps prevent weight gain. If we get fat and have respiratory problems not long until we can not walk up a small hill, to reach the nearest street. And with that, obviously, our weight and breathing problems increase, so we ipso facto get in a diseased state and with death around the corner.

It's obvious. Above all, this last thing I said is obvious if we already have a certain age, that age when we see loved ones or individuals in the neighborhood are falling many times like this, like suddenly. Suddenly: often we can not control the twists that take life, but I think successful take then the least possible risks, before we could do except risks interesting accept those going to the very worldview of the subject in question, whether it be you or me. We must face the fate but at the same time, as in a coincidentia oppositorum (union of opposites), accept it and dive into him and his travels and adventures, in their infancy and bankruptcies too. We face the fate falling into it, as Oscar Wilde said that there is no better way to prevent temptation than falling into it. We are breaded.

I  must take my daily walks because otherwise, as I was saying, I would fade away. Not that I will not fade this way, but then perhaps it will be the day after tomorrow, not tonight.

Life takes many turns, and in those walks I see poor people. They can also be viewed through Internet, at the T.V. Very rarely these poor people are volunteers, and always pass hardships, more in inclement seasons, more in the foreigner noise of the big city.

I mean those poor people that hardly have a voice. Although they can scream their pain, the pain of a broken hostile world that wraps them. And when I say "wraps" maybe I'm not sufficiently precise, because I mean an inner, not an outer wrapper: the hostile world penetrates them closer to their cells, closer to the deeper connection to their brain circuits; it governs their tempo of breathing, varies and reduces them the tempo, as much as the beating of their hearts, in foreign and pounding trance.

Many of them do not 'have sought it'. In any case, they are as people as you and me. But you and I are not in their place, unless you're collecting this writing from garbage, when you've looked at a piece of half-enveloped sandwich in silver paper. The only silver you see, if not also the one that you see in the brightness of all those portals of buildings that you can not go at night; the silver you're probably used to seeing through all those windows lighting outside at night; silver are all those places where you can not legally live, for you have been convicted, though a supposed constitution of the country says that the sentence is neither legal nor legitimate, no, you are entitled to "shelter" . You, indigent: the hard asphalt silver, silver horns and engines belching in your ears needed of rest until exhaustion, until you fall rendered in any of those places that you carefully select from among the increasingly limited possibilities the city leaves for you, before some police officers announce you that no, not there, or that a group of little soldiers decide to spray with gasoline the ATM, with you inside there; ATM in which it is still not forbidden to spend the night there, disturbing the image of the couple who takes a good night euros, before a surveillance camera built-in microphone which you are required to dispossess such private property surely as soon as you have reconciled the dream. Although you get somewhere to put some water in your body, you will disturb, surely, our image. I know.

I know.

Do not disturb my image, or at least I try. I fight. I fight with my heart. Struggle with fascism media to be introduced from anywhere, to anywhere in my body, every part of my body and brain. I am also battered. No, not like you, do not be ridiculous. I fight. I struggle to recognize you, and until I can not see you I will not be a person.

But I'm still me, like you, who read me. So hypocritical as I am, that's you. And so reviled, though we make a clean sweep of this denigration.

I continue with my walks, you continue with your paintings, my neighbor continues with his soccer, the other one the day before yesterday attacked his wife.

Walk or fight, but in denigration. I struggle to see you, indigent, but far away. I really won”t ever recognize you, and so, as strictly logical conclusion, I”ll never reach to be me. And, to say the truth, I think that not only me, I think anyone will reach to be himself. All is vanity, vanity in denigration; vanity in lack, not in fullness. Nobody wants indigence but we all are though, with your cold, blank stare, blindly deny.

lunes, 22 de junio de 2015

A DREAM (original en inglés; con versión traducida)


I've had a dream

not the common nightmare, but a dream.

There was me, not alone in the dark

everything was so bright I woke up soon, suddenly

but before this there happened an instant

I saw me not ill, not afraid

with people around me: they were friends,

in the dream, in the instant

I laughed, there were lots of laughing people

with brilliant eyes stolen to kids

(in the dream those eyes were normal).

Everything in the room was so brilliant that...

that no one was better than other, no one ever wanted.

(No one ever wanted nothing to greed.)

No one there ever needed to be someone.

Everyone there so little, so great.

Not afraid, not mortally ill, as me approaching my ugly hand to yours.

Without the need to be other, without the need to be more, in scare,

in a scared false self-assured face I can see

reflected in the mirror of your eyes.

Without the masks of ideas, without the masks of the State.

How many more nights to wait for a dream like this again?

Just one more dream, please.



UN SUEÑO (Traducción al español)


He tenido un sueño

no la pesadilla común, sino un sueño.

Ahí estaba yo, no solo en la oscuridad

todo era tan brillante que me desperté pronto, de repente

pero antes de esto ahí sucedió un instante

que vino conmigo cuando me desperté

me vi no enfermo, no con miedo

con gente alrededor mío: eran amigos,

en el sueño, en el instante

Reí, había montones de gente riendo

con ojos brillantes robados a niños

(en el sueño esos ojos eran normales).

Todo en la habitación era tan brillante que...

que nadie era mejor que el otro, nadie nunca lo quiso.

(Nadie quería nunca nada que ambicionar.)

Nadie ahí nunca necesitó ser nadie.

Cada uno ahí tan pequeño, tan grande.

No con miedo, no mortalmente enfermo, como yo aproximando mi fea mano a la tuya.

Sin la necesidad de ser otro, sin la necesidad de ser más, en el miedo,

en una atemorizada, falsa cara segura de sí misma que puedo ver

reflejada en el espejo de tus ojos.

Sin las máscaras de las ideas, sin las máscaras del Estado.

¿Cuántas noches más esperar que se dé un sueño como éste otra vez?

Sólo un sueño más, por favor.

viernes, 22 de mayo de 2015

Dos historias rusas

A veces suelo recordar dos hechos que sucedieron a dos escritores rusos.
Uno de ellos fue el que aconteció a Andrei Biely. Entre sus escritos había dos versos, los siguientes: "Confié en el brillo dorado / y morí a causa de los rayos del sol". Después de algunas semanas efectivamente murió a causa de una insolación.
La otra historia se refiere a Fiodor Sologub. Su esposa se suicidó: se arrojó al río Neva, desde un puente. Tras el acontecimiento, hasta el final de su vida, cuando Fiodor se sentaba en la mesa para comer, continuaría preparando la mesa para dos, para su esposa y para él mismo. En el reporte de este hecho también se explica que en esos tiempos, tras morir su mujer, el escritor se dedicó intensamente a estudiar matemáticas, y cuando alguien le preguntó por qué estaba en ese momento interesado en esa ciencia calmadamente explicó que estaba seguro de encontrar las fórmulas que probarían el hecho de que se encontraría de nuevo con ella más allá.

domingo, 26 de abril de 2015

Como niños que juegan

¿Qué puedo decirte, querido amigo, que te pueda llegar? ¿Qué decirte ya, para que no interfieras tu muro? Sé que ese muro te ha hecho crecer, hacia la nueva construcción de tu fortaleza. Allí cantas con pájaros azules, y rechazas lo grave de un plumazo. ¿Cómo decirte?, ¿son las palabras la llave? ¿Quizás lo es un gesto, raro e improvisado, loco? Encontrarse en la locura, traspasar los obstáculos, planear en el abismo de una instantánea congelada. Un dedo roza el muro: la caricia que implanta los canales en la costa, en el mar de las posibilidades encontradas, compartidas; cuando te encuentro, en la orilla, dibujando en la arena, con una fina rama de árbol, un jeroglífico con el único fin de que lo borre la próxima ola que alcance a llegar, cuando ya se te ve en la risa que estabas esperando, preparándola en todo detalle: la risa que te caracteriza, te personifica; esa risa sin patria y en la que todo lo transgredes, y antes que todo, a ti mismo, con quien entonces te despachas con afilada y fría crueldad quirúrgica, como así lo quieres en tus sueños, en tu ley. Con maestría te desdibujas, y esa es tu enseñanza, tu saber; te minimizas como a ese jeroglífico en la orilla, con el fin de habitar otro lugar, al que decidiste llamar tuyo, el lugar de la visión imposible, donde pasas tus días con el rigor y la docta ignorancia de dos niños que juegan, construyen un castillo de arena en la oscura playa en la que tú deshechas tus jeroglíficos, en la noche atravesada transversalmente por el rayo. Ese rayo eres tú, y quizás yo tenga valor para lanzarme a tocarlo, pues quiero llegar a ti en estos días de tu vida, esos extraños días en los que parece que no funcionan las barreras, contra el cáncer, ante el que desfalleces y se apagan tus ojos. Pero claro, la vida nunca fue tu punto de vista, ni tampoco el mío.

miércoles, 8 de abril de 2015

¿Recuerdas?

¿Recuerdas?

¿Recuerdas cómo te apresurabas a hacer un alto en el camino a ninguna parte y nos encontramos, ahí, en el bar de una estación junto al mar? ¿Cómo me hablabas de escribir un libro de tus hombres y empezabas a leer, o mirar, o tocar las líneas de mi mano? ¿Y cómo me fui con tu teléfono escrito en un papel con lápiz de ojos, y tú te llevaste también parte de la arena de la playa?

¿Recuerdas?

¿Recuerdas que ése fue el primer día, pero vendrían muchos más?

¿Recuerdas?

¿Recuerdas mi locura? Recuerdo cómo construiste sobre ella, y yo siguiendo tus pasos, con los ladrillos del amor. Yo no tenía pan y a la vez tuve todo el pan del mundo, todo el que necesitaba para mi verdadera alimentación: todo el aliento.

¿Recuerdas?

¿Recuerdas cómo en el exilio respiré el aire de tu ciudad? ¿Y cómo una brisa, aquel aliento, nos llevó a encontrarnos donde siempre habíamos permanecido: mano con mano, labio sobre labio?

¿Recuerdas cómo hiciste para que no tuviera duda de que recordabas? Día tras día, cerca y lejos. Lo hiciste. Y recuerdas que lo hice yo también, y que esa memoria lo es todo, en el recuerdo como en el porvenir, en la eternidad como en el tiempo (que son lo mismo).

¿Recuerdas? ¿Y recuerdan los que aman?

¿Sabes? Sí. ¿Y sabes que yo sé, sabes que recuerdo? Sí. Y sé que sabes que yo sé que recuerdas, que recuerdo... no el pasado... sino todo.

Como saben los amantes.

sábado, 4 de abril de 2015

Una isla

Una isla. El faro, el farero en una isla. El faro construído en cristal reflectante. Los diferentes colores, los rayos, atraviesan al imperceptible farero, también de cristal. Piedra de cristal. Madera, azul, cristal. El farero y el faro conforman una unidad orgánica, en simbiosis. No es una unidad, es una ínfima partícula en el magno archipiélago, ese extenso territorio cuyo nombre fue puesto, implantado hace ya tiempo por los gestores del planeta; se trata de una palabra a primera vista bella, pero tan ajena que llegó el día que decidí no pronunciarla ya, y es que se estaba dando el caso que hacerlo era para mí evocar al Demonio; trato de no evocarlo: trato -creo que con buen sentido- que el archipiélago se mantenga para mí en tonalidades habitables. Pero yo -el farero, el faro- sólo soy una partícula del archipiélago, una gota de agua en el mar. No, por supuesto: seamos rigurosos en lo obvio: yo no soy agua en el mar, no soy pez en el agua. En el juego de espejos con el medio hay carencia, hay distancia: no hay flujo, no hay inmersión. En las inmediaciones del faro hay senderos perdidos; se pierden en un bosque siempre oscuro, en el que caminar a tientas: porque refleja la gruta negra en la que habita el farero, ese pétreo faro del que sólo se pueden ver brechas, unas brechas similares a las que se están formando en las placas tectónicas de las islas del archipiélago, anunciando su cercano final.

domingo, 15 de marzo de 2015

Dos vías


Hay dos vías. Para algunos el arte de la palabra y el pensamiento son ligazón y atadura, domesticación y quieta mordaza; para los otros son disolución y fuga, vida salvaje y nomadismo. Los primeros pueden dominar la Tierra o ser esclavos; los otros pueden dominar el cosmos y pueden también arder en el infierno, aunque sea una temporada. Estos dos senderos son vías provisionales y de circunstancias (como un parche en la ropa) en la inmensidad multidireccional del desierto. Son espejismos; o, más bien, efectos ópticos, que pueden funcionar, gobernar; y lo hacen.

lunes, 2 de marzo de 2015

Unos conocidos


John el artista se encontró con John el hombre normal. Paralelamente, e inversamente, en la acera de enfrente Joseph el hombre normal se encontró con Joseph el artista.
Cuando John 1 se encontró con John 2 trató de salvar la distancia que sentía, como era habitual, y esto lo notó John 2, que le pidió dos euros para una cerveza aunque le dijo que eran para coger el autobús, para ir a cuidar a su enferma madre. Sabía que John 1 no le creería pero confiaba en lo que sucedió: que John 1 decidiría rápidamente que debía ser caritativo, pues no todos podían correr su suerte, y le entregó el dinero, aunque un poco incómodo consigo mismo, con la vida, pues había algo que no le parecía coherente, lógico (aquí solía llegar a menudo). También John 2 solía llegar a menudo al lugar al que llegó, a meterse con premura el dinero en el bolsillo y para no desviar la mirada ya hasta la próxima ocasión, le preguntó a John 1 por su última obra o por sus padres (que habían fallecido hacía ya tiempo), no se pudo escuchar bien.
Cuando Joseph 1 se encontró con Joseph 2, siguió a éste hasta la sala de exposiciones. Fue entonces cuando éste último le dijo a Joseph 1 que quizás mejor sería que se diera una ducha antes de entrar. Y le ofreció su propia casa, que estaba relativamente cercana. Joseph 1 dijo recordar alguna cita urgente y se ausentaría hasta la próxima.
Todos estos personajes, y algunos dormidos ya, habitaban en el cerebro de John Joseph quién, de madrugada, un poco hastiado de la gente y de sí mismo, se dispuso a atar estas palabras al ataúd de madera en el que pasadas unas horas se introduciría para descansar de nada.






La caricia


El respeto es la caricia del alma, la impresión de la transmisión. No es una imposición, es un gesto. No es un acto, es una potencia, empleando la terminología de Aristóteles. Y en su ser potencia, es el único acto de transmisión posible. En su ser ausencia, la única realidad efectiva. En su ser distancia, la única cercanía posible.
En su ser silencioso, es el único grito profundo.
No, no hay robo. Para vampirizar la vida no debe haber vampiro. El vampiro debe negarse en su acto para alcanzar el alimento, la vida soñada, la ilusión. Alcanza la ilusión, el efecto óptico, no la materia bruta impuesta y supuesto objeto de su robo. ¿Cómo querría robar lo que para él es ajeno, extraño, inapropiado? Pues él sólo alcanza las esferas de lo irreal. Lo cartografía. Y en esos planetas que danzan se dan los únicos pasos por realizarse, en la Galaxia Utopía, entre los escombros de la vieja materia, ya transmutada: los astros han centrifugado. El caos gobierna ya, tú lo acaricias entonces enfocando tu cámara vacía y haciéndole la única foto posible, con el respeto que lo acaricia.

Pensamientos sobre la droga, 4


No siento ningún agrado por la cruzada anti-tabaco, que hace que tenga que salir del desayuno del bar en el que pago el desayuno para fumar a 2 grados centígrados (me parecería mas ecológica una cruzada contra los tubos de escape de coches, chimeneas de fábricas); como tampoco estoy de acuerdo con la ideología del paternalismo de Estado impuesto en Occidente, y que lleva a cabo una cruzada contra las drogas desde inicios del siglo pasado (con epicentro en los Estados Unidos: Food and drugs act de 1906, Harrison narcotic act de 1914). Lo que pienso al respecto es que un padre (si lo hay) debe tratar que su hijo pueda construirse un pensamiento propio, una ética personal (autonomía) y no (lo que es muy diferente) inyectar tabúes, crear monstruos ridículos y patéticos que sólo generan estupidez y conflictos siguiendo la lógica del chivo expiatorio.
Para un joven (y para un adulto también) no produce las mismas crisis psicológicas consumir droga en un entorno socialmente equilibrado (equilibradamente controlado, sostenido, y con una droga de calidad y no los productos adulterados estrepitosamente en el mercado negro, que tantas muertes generan), y en un entorno-sistema en cierta medida aceptado, digamos admitido: pues no vive la vida igual (ni proyecta su presente y su futuro igual) un adolescente dentro de la legalidad que un adolescente en el cual se fomenta su sociofobia y su incertidumbre o crisis psíquico-ética (y probablemente moral) mediante la inyección en su persona de un sentimiento de incriminación, un sentimiento de ser un delincuente o estar fuera de la ley. No es una edad para perder el tiempo jugando a «policías y ladrones»: perder el tiempo con obstáculos prácticamente insalvables y perder la lucidez mental. Otra bonita manera de anular a brillantes cerebros, de aniquilar vidas en nuestro bravo «mundo libre».
Y no es que recomiende el consumo; personalmente, en estos años, en este mundo, lo evito (las circustancias también cuentan para el yo, como he tratado de exponer en estas líneas). Y también puede llegar, quizás, el momento en que las drogas no son ya deseadas, por ser consideradas superfluas, como apunté en un pensamiento anterior.

Prospecciones ópticas, 2. Focalización


Focalizar lo extraño, adentrarse en lo desconocido, los exóticos atrayentes bosques que te llaman. Tú mismo eres el bosque. Unos pasos en el bosque, los senderos en la tierra poblada por las minúsculas criaturas: criaturas que son tú mismo en el distante espejo, los cristales de lo infinitesimal: las transformaciones puras en danza, los circuitos cerebrales en trans-redes a través del microscopio, generando el cosmos, el caos. Tú mismo eres el caos. Tus redes lanzadas oscilan en órbita, inmersión en el caos: la distancia máxima, también la mínima. En los cristales del tiempo: tú eres el cristal que se disuelve.

Nota sociopolítica


Las emisiones de los noticiarios afectan la conducta social. En qué medida y de qué modo puede y creo que debe considerarlo cada uno.
Tomemos un ejemplo paradigmático, de características que se repiten frecuentemente. Hoy en las noticias (al menos en las españolas) han emitido una noticia con la filmación por una cámara de la totalidad del tránsito de un niño por una especie de caminito-puente (alto y estrecho, peligroso) sobre una autopista o carretera. No han emitido un momento, sino la totalidad del “paseo” del niño. Creo que a unos cuantos niños, en su ingenuidad y atrevimiento, el visionado de esta noticia les dará el impulso reactivo de hacer “hazañas” similares. Que esto les sucederá a “unos cuantos” me parece obvio. ¿Cuántos de esos niños morirán o quedarán heridos en sus hazañas? Los realizadores de la emisión televisiva, al filmarla en su integridad (¡es necesario?) posibilitan estas futuras situaciones; es también obvio. Por lo tanto su conciencia responsable, pues no hay motivo para dudar de su capacidad intelectual media, es más que probable que exista. Y todo, seguramente, por transmitir un espectáculo. No descarto en absoluto que estos realizadores busquen (como parte integrante de un aparato de transmisión ideológica como es la TV, en especial los noticiarios; y hablamos de la TV pública, la TVE) generar en el espectador analista una sensación de perplejidad, miedo, odio y/o resignación. Resignación porque ¿qué hacer ante esto sin que a uno le encierren con la excusa de diagnóstico de enfermedad mental o simplemente reciba una visita non grata, como a tantos cerebros lúcidos anteriormente les ha sucedido, silenciándose como un soplo esta realidad política, en un mundo “libre”?

Define amor


Diría, refiriéndome a la pregunta por el amor, que el amor es construcción. Auto-construcción, referida al auto-gozo, y construcción relacional, referida al gozo dado por la relación, tanto si ésta se crea con una persona como si es creada al vivir cualquier prisma del propio hábitat, medio; día tras día, la experiencia íntima del amor (siempre bajo mi punto de vista) es construcción y vuelta a construir; el amor, entonces, puede ser definido como el medio que lo posibilita. Porque no todo, no todo medio (la circunstancia en el momento) puede hacer posible la experiencia del amor. Hay caminos de la realidad que denigran, senderos que te sitúan en una experiencia denigrada, fuera de las posibilidades, fuera del mar de las posibilidades, de la construcción danzante, la arquitectura (molecular y fuera de la gravedad) del amor. Hay algunas malas energías en la vida… guerras, también microfascismo o (lo que entiendas como) estupidez, o la violencia o el control/manipulación, u otras “cosas malas” pueden denigrar y limitar la propia experiencia de la persona humana, introduciéndose en tu propia forma de vivir, tu propia manera de realizarte y compartir; el amor es para mí, entonces, definido como esta germinal, constructiva experiencia de expresión, la expresión de la realización (realización íntima y realización relacional): es entonces tiempo del regalo, tiempo de gozo, que puede ser expresado tanto con una risa como con un propio silencio en calma. Hay múltiples, diferentes expresiones propias de la experiencia del amor. Relacionalmente, la construcción del amor implica respeto, junto a la comprensión del otro (conociendo al otro cada vez mejor, y aceptándolo), y también implica voluntad y energía para compartir, desarrolladas bajo el prisma de la ilusión, la fascinación y la admiración crecientes: compartir es entonces, como lo veo, el material light (en la doble acepción de "luminoso” y de “ligero”) de la construcción del amor: compartir es visión abierta. Este puede ser un comienzo, una base de lo que nuclearmente pienso sobre el amor.

El tiempo


Estímulos. Líneas de la inflación. Como las ramblas por las que pasean los soles. Crecen los limbos. Descienden por el sinuoso camino blanco, estrecho, sin ser visibles, diferentes formas del enigma, diferentes flores ausentes, como las que se pueden encontrar en los tránsitos paralelos. Encuadres. Filos. Campos de exterminio. Tópicos. Visita programada a Auschwitz, sólo a diez céntimos el gramo. La máscara blanca, del verdugo, el soldado. Firme. Consolación, entre tanto. Agujas. Las agujas del mecanismo. Las agujas del tiempo. Arenas, arrecifes. Esfinges expuestas, en el sol, en la rambla. Cardenales transitan. La estupefacción les ve pasar, entonces. Los ojos, el ojo se deshace como los relojes de las atormentadas horas. Las olas se deshacen, en la arena. La deshacen, quedan configurados nuevos territorios, nuevos dramas. Una lira, la mano sobre ella como una garra. Finos dedos la hacen sonar, mostrando al inconcluso, al rey de reyes. No hay que detenerse. ¿Para qué detenerse? Ésa es la cuestión, junto a otras muchas.




Fotografía de una escultura en metal de Otoniel Vasconcelos.



TIME (English version)

Stimulations. Lines of the inflation. As the boulevards by strolling the suns. Grow limbs. Down the winding white, narrow path, without being visible, different shapes of the enigma, different absent flowers, as those which can be found in the parallel transits. Frames. Phylums. Extermination camps. Topics. Scheduled visit to Auschwitz, only ten cents a gram. The white mask, the executioner, the soldier. Firm. Consolation meantime. Needles. The needles of the mechanism. The needles of time. Sands, reefs. Sphinxes exposed, in the sun, on the boulevard. Cardinals transit. The stupefaction see them pass, then. The eyes, the eye breaks up as the clocks of the tortured hours. The waves break up, in the sand. They break it up, new territories are configured, new dramas. A lyre, a hand over it like a claw. Slender fingers make it sound, showing the unfinished, the king of kings. Do not stop. Why stop? That is the question, along with many others.

Prospecciones ópticas, 1. Virajes


Pesco peces en el río con red irisada. Yo cazo: vengo a cazar, cámara en mano, fotografías y videos. Cámara fija en el caos de la percepción, el dulce y afilado transgredir las formas. El cambio, el viaje: el viraje. Astucias de la captura repetitiva, persistente ojo, radar, imán hacia el metal de lo que se transforma: la forja de un rebelde, la forja de un instante. Difracción de lo hostil, anamorfosis de lo vírico, del enemigo: la cámara traspasa, trasciende: enciende… entiende. ¡Bienvenidos, bienvenidos al festín de lo infinitesimal! Deja atrás el alfabeto de ese tipo caduco que te acompaña y vuela: siempre estas invitado, siempre esta permitido; vuela en la irisación de la piedra del momento. Más allá, en el puntillismo de los pliegues: esas líneas que trenzan los raíles, que rasgan la tela del oleaje, dibujando al sabio, también al experto ante la pantalla de datos; germinando los circuitos cerebrales y esa espera en un surco invisible en tu sien intachable, inviolable; la espera que culmina en un nuevo viraje, aquél en la que se halla contemplada en el inmenso azul de un ojo utópico, ausente, en la tierra de la distancia impenetrable y conocida, amiga.

El don (Al César lo que es del César)


Rosa me dice que a veces se siente como si sólo estuviera para quitar las manchas difíciles de una camisa, de cualquier camisa. Que solo para hacer una comida un día concreto. Me lo dice ya hace tiempo, por tanto no es un peregrinaje frívolo, te explico, lector, pues eso yo ya lo sé. Ve un límite, y es que Rosa lo ha dado todo. La escucho como puedo escuchar a Nabokov. Hace tiempo que la escucho porque hay todo un arte atrayente en ella. No digo en nada que le pertenezca, como un saber, una práctica en la que destaque; pero a la vez digo que la escucho en algo que sí la pertenece, y ese algo no es un algo, pues ese algo que la pertenece no es otra cosa que ella misma. Querido lector, Rosa se pertenece. A través de todas las veces que se ha entregado, a través de todas las soledades que siempre ha pasado para volver siempre puntual a la cita, a esa cita que sólo ella comprende, de un modo irracional pero la comprende, es su querida amiga: su cita con el don. Su cita con el regalo. Rosa regala. Es por eso que yo la escucho siempre tan atento. Aunque mi oído se ha ejercitado en el arte de no escuchar su torrente de palabras. Aunque tenga que hacer una ligera finta, yo también acudo a mi cita. La cita con la escucha. Que si hubiera Dios habría sido la tarea que me hubiera impuesto, el castigo por mi egoísmo. Acudir a la cita con la escucha, alimentarme de la escucha. Como de aquello que no soy capaz, de ahí la broma divina, o diabólica. Sólo me puede atraer mi antípoda. Yo, que escarbo en todos los campos del egoísmo, sólo alcanzo la capacidad de la audición con una voz, me alimento de una voz, de un aliento. Y es el aliento de una persona que tiene un don superior a cualquier otra expresión, que es por lo que ahora escribo, el don del don. El don de la entrega intuitiva. La capacidad de abrir los brazos, no como un Cristo en la cruz, sino para hablar el lenguaje y respirar igual que esta flor que puedo ver, puedo tocar, pero no puedo ser. Ella puede.
Y ella me dice sentirse poca cosa por no haber sido poeta, o filosofo, o… Pero una lágrima cruza lentamente mi corazón, yo la miro de reojo, esa lágrima; y también a ella, pues lo dice con la única motivación de estar mas cerca de mí, también eso me quiere dar, como ves. Pero yo la alcanzo del modo como ha permitido la divina broma, la diabólica broma, la alcanzo cada vez que estalla en su don, y ese don es lo mas grande, y no cuatro líneas mal puestas. O al menos así lo creo, y hacia ahí gusta de mirar mi ojo egoísta, que a duras penas llega a la cita que le alimenta, la de su antípoda.

Ensayo de dietética


Caminar. Caminar, caminar, ponerme a caminar. Si es necesario, caminar más. Si no hace buen día, levantarme, ponerme a caminar. Que no te engañen, no sólo caminan el viajero, el turista o el indigente. Caminar en tu ciudad, aunque no sea la tuya, aunque seas un exiliado. Mejor me lo pones, mejor aún: menos motivos para detenerse, y encarar de frente, como ley, el caminar. La fuerza del paseo, no sólo para los jubilados, que también. No para detenerse junto al bebedor, al llegar a la primera esquina, allí donde dicen tratarte como en tu casa; quizás allí te encuentres así. Pero caminar.
Caminar con la mirada, con la vista. Abarcar el horizonte por transitar. Abrir las fauces del desierto, ser tú el desierto. Como el camello pero sin cargas, vacío, con el ojo vacío que contempla y navega; con el ojo vacío que se llena del azul: es así que se llena del azul de la vela al viento y del efecto óptico de ese oasis; se llena el ojo. También el ojo es un oasis, un efecto óptico, pues es causa y efecto, causa y consecuencia, medio y germen del caminar que, ligero, sin cargas, observa y transmuta lo observado, lo encuadrado, lo enfocado, hasta la distorsión del brillo aéreo, estelar. Así empieza el caminar.
"Tú, que vas tan rápido en tu coche", le diría a ése, si no fuese yo aquél entre la prudencia y la cobardía (quizás el perezoso ante la discusión, el perezoso sibarita de los vientos); "tú, estas gordo y ansioso. ¡Camina, no paras de comer!" Y añadiría con sarcasmo: "¡Y te haces llamar gastrónomo, palurdo!" Aliméntate también de la astronomía, de los astros, orbita como ellos. Orbitar: es la búsqueda molecular del equilibrio, la consigna. Ligero, en órbita, en el trapecio, en la cuerda floja del instante que pasa y se aleja. Así pues, caminar.
Como los niños en el juego de la peste alta, caminar sin tocar el suelo, para no ser cazado por el adversario. Caminar sin tocar el suelo, reglas sabias. El intruso tóxico quiere hacerte descender: evitarlo, evitar para levitar. Como un lama, sí, en el yoga occidental del paseo cuando, como en el poema de Kafka, sobran no sólo espuelas y riendas, sobran “el cuello y la cabeza del caballo” también. Pierde peso, no ya por afán de atraer, sino por deseo de pasear. Te verás mejor, con tu ojo, te verás mejor y dice el oráculo que en todo los astros te acompañarán, te ayudarán: a traspasar, a viajar. Sin fronteras, más allá de tu ciudad circular, ya en el extrarradio de lo desconocido, donde germina el ojo, hasta la detención de su expansión en el éxtasis y estasis de un sueño reparador.

Inmunoética, 5. Sobre la función del yo


"Ni hay un concepto más sagrado para mí que el de la unidad, el concepto de que la totalidad del mundo es una unidad divina y de que todo el sufrimiento, todo el mal reside en que los individuos ya no nos consideramos una parte indivisible del Todo y concedamos excesiva importancia al Yo." (Hermann Hesse, En el balneario)

Esta es, como se ve, una idea panteísta. Conlleva la idea de una fusión sujeto-objeto, en la que los limites de ambos devienen en buena medida indiscernibles. Habla de “conceder excesiva importancia al Yo”, como mal: ciertamente es así porque la persona se encuentra, se realiza en una entrega del yo, en una fusíón se puede decir que divina. Aquí Hesse habla de que la totalidad del mundo es una unidad divina. En este sentido también se puede considerar la unión con Dios del místico cristiano como una esfera, como una totalidad. Así, hablan las religiones, principalmente las orientales, de la necesidad de la disolución del ego (se sigue viendo la superación místico-teológica de la dualidad sujeto-objeto). Pero cuando hablamos de una defensa del individuo ante los tóxicos (que puede expresarse -si se entiende con flexibilidad- como una defensa del yo frente al mundo) no es una lucha por sí, por la enemistad, sino como medio para conseguir una vivencia en la que se pueda vivir el amor, la armonía, la conciliación, la gracia cristiana; con el aspecto de entrega del yo se da una función muy definida y activa al yo. El yo es un generador, o trata de influir en la generación -generación de una vivencia adecuada para el individuo, según una periódica evaluación que filtra la vivencia, que tiene por función permitir el contacto del individuo como paciente de la vivencia con lo que considere apropiado y no con lo que considere nocivo, y tratar de ir posibilitando situaciones en las que se de la propia elección, que la persona pueda elegir la tendencia que debe tomar su presente vivido, ¿para qué?: para alcanzar la satisfacción, puede ser la respuesta; o, como se dice, “por su propio bien”. Podemos decir quizás que el filtrado óptimo en una sucesión temporal indefinida conllevaría el estado de beatitud durante tal secuencia temporal. De alguien que lleva a cabo ya automáticamente, por asi decirlo, de modo espontáneo o instantáneo el filtrado óptimo es de quien dirían los budistas que ha alcanzado el estado de Buda. Y es que en el budismo también se trata de una lucha contra el tóxico; el objeto de la sabiduría budista es la eliminación del dolor por vía de la supresión de la sed (trshna), la supresión del deseo. Un exceso de ego puede no ser apropiado (es de lo que se lamenta Hesse: “concedamos excesiva importancia al Yo”), pero parece que existe, debe existir una función del ego, el ego como vector inmunológico, función de defensa ante lo dañino, lo considerado malo. ¿Qué es lo malo? Tratemos de definirlo: es lo que denigra la vida, lo que castra o mata (como cuando Jean Genet dice que una bandera castra o mata); lo que consideramos tóxico o dañino, lo que nos reduce: también podemos decir quizás que es lo que nos provoca pesadez, gravedad, contra la ligereza necesaria para perseverar en ser ligeros, para perseverar en que el yo siga ejerciendo su función de elector de tendencia del presente o, dicho de otro modo, de vector inmunológico - perseverando así en la vida libre (pues elige: como hemos descrito, el yo es elector de tendencia), negando la esclavitud, el subyugamiento; pues quien está subyugado no puede practicar una ética -en el sentido que toda ética es ética propia: y aquí hablamos de la praxis de una ética, hablamos de llevar a cabo una ética (o una conducta) que busque la inmunidad -y es así que inmunidad y libertad se identifican, se corresponden.

Inmunoética, 4. La fortaleza de lo ligero


¡Aire! Sentir una brisa. Convertirse en esa brisa, y trasladarse. Y repetir la operación: la operación se repite. ¡Ligereza!
Sin cargas. No cargar: he ahí la salud, el grato don.
Igual que el aire se contamina por el humo de los coches, de las fábricas, nosotros, como brisa, como individuos ligeros debemos ir siempre prevenidos, previniéndonos ante los tóxicos pesados, que nos pueden hacer caer, que nos pueden hacer graves. La ligereza debe ser defendida, pues hay tóxicos, hay pesos, que pueden hacer de ella un cuerpo grave, pesado, en caída. He ahí pues que debemos crear una fortaleza, un sistema de defensa preventivo ante las intrusiones tóxicas. Porque no somos siempre ligeros, no somos necesariamente ligeros, ni necesariamente pesados: oscilamos entre ambos estados. Debemos evitar al enemigo, al intruso, que se carga sobre nuestras espaldas y nos precipita en la grava del asfalto, en lo grave. Debemos transmutar el metal en oro, o mejor en aire: lo evanescente, la disolución…
El término no debe prestarnos a confusión: la fortaleza no debe ser pesada, grave ni estática como un castillo cerrado en sí. De aire deben estar constituidos esos mecanismos defensivos, pues aire es lo que entonces hemos llegado a ser: se trata de no oscilar hacia el polo de la gravedad, se trata de mantenerse en lo propio en lo que nos identificamos, como ante un espejo vacío con un ojo vacío, o más que vacíos -pues si hay aire, si hay brisa, no hay vacío- invisibles. Señales surgen de lo invisible: señales que son las de lo dinámico a la vez que las de la repetición, lo perseverante -el retorno: como aire debemos perseverar en nuestro estado, o dicho de otro modo, el aire debe reinstituirse a cada momento, a cada presente que pasa: a la vez, dura. Y esa duración, ese lapso temporal deberá reiniciarse, y también durará un tiempo; y así hasta caer en lo grave, en hacernos pesados. Pues no podemos ser siempre ligeros, como el aire se evapora, se transforma en nubes que precipitarán sobre el asfalto para volver a evaporarse. Pero después de la tempestad volverá la calma, con una nueva ligereza -la de la nueva evaporación- regenerativa.

Inmunoética, 3. ¿Es la inmunoética una filosofía de la naturaleza?


Tratemos de calibrar en qué medida será natural, concernirá a la naturaleza nuestra práctica ética. ¿Se trata con la ética inmunológica de una filosofía de la naturaleza? El cultivo de la contemplación, si no la dedicación absoluta a la vida contemplativa, ciertamente ocupa un lugar fundamental en el tratamiento de los tóxicos a los que deberemos enfrentarnos.
El mundo actual, altamente tecnificado, fácilmente subyuga al individuo, le somete a unas cadenas harto pesadas. En un dialogo anexo a una conferencia, ambos publicados como Serenidad, Heidegger trata la cuestión del modo de habitar el mundo de la técnica, tratando de no ser su esclavo. Paralelamente, su contemporáneo y seguramente amigo Jünger estudia en su obra la cuestión de cómo vivir al margen de las instituciones: en ambos casos encontramos pues la pregunta, la búsqueda de una ética. Y en ambos casos se confronta la libertad individual -la posibilidad de elección es condición sine qua non de la ética; esto es, no ha lugar a la construcción de una ética en el esclavismo, en la sumisión- con un agente de altas posibilidades -alto riesgo- tóxico; en un caso, la técnica, en el otro las instituciones sociopolíticas -y si nos aproximamos podremos ver ambos agentes en sus correspondencias, entrelazamientos, amalgamas. Serenidad y pensar meditativo es la respuesta heideggeriana ante el vértigo del rodillo técnico que sólo fomenta el cálculo, el pensamiento calculador. Tal es el lugar en el que, de modo afín a esta propuesta, puede tener sentido una apuesta por lo contemplativo, asociado al pensar meditativo que Heidegger se lanza a defender; el lugar en que la teoría de la contemplación podría encontrar su actualización, su actualidad, quizás con modo de urgencia. Este giro ya encontró expresión en la ética de los surrealistas, como en su pintura. La visión debe devenir interior, y en su obra Victoria Cirlot relaciona el pensamiento surrealista con los visionarios medievales -en especial Hildegarda von Bingen, a la que ha dedicado una monografía; el tema también lo trata en La visión abierta. Del mito del Grial al surrealismo. De los sentidos interiores o, mejor, espirituales hablaría en el siglo XIII un místico franciscano como San Buenaventura, oponiéndolos a los sentidos corporales, trascendiéndolos. ¿Tienen las mismas motivaciones un místico contemplativo medieval que un artista surrealista de la metrópolis moderna? Quizás hay un salto, pero quizás también hay una continuidad, un continuum en sus éticas respectivas. Y la ética debe cimentarse con el objetivo de habitar favorablemente el medio circundante, de plantar la semilla en los terrenos fértiles y no, en vano, en la esterilidad: plantar cara al enemigo tóxico que esteriliza, que destruye y niega. Si la ética es el sustantivo el verbo es germinar. Y la posibilidad de que crezca la planta depende de la benevolencia de su hábitat, y nosotros somos como plantas que debemos hacernos habitable nuestro medio cuando éste no lo es de por sí, lo que implica la defensa ante el tóxico. Los tóxicos de los que hemos hablado refiriéndonos a Heidegger y Jünger no son naturales, son en toda medida producto de nuestra civilización. Estos autores han hecho de sintomatólogos, han diagnosticado un intruso vírico en sus vidas y en las vidas de sus contemporáneos. ¿Es la serenidad heideggeriana natural? Aquí hay una lucha y cuando dos bandos se oponen han de luchar en el mismo campo de batalla: en tal caso no se trata de la naturaleza, pues lo que tiene que repeler es artificial -repitamos que el tóxico viene de la construcción social que es nuestra civilización, levantada y sustentada día tras día sobre cimientos ideológicos, sobre relaciones de poder. Quizás podamos hablar, como lo hacía W.Benjamin a principios del siglo XX, de una segunda naturaleza. Una filosofía de la naturaleza y una filosofía de la cultura deben encabalgarse, solaparse, emitirse correspondencias. Ya hace tiempo que se habla de pensamiento ecológico: no solo como acorde a la ecología como tratamiento respetuoso con el medio ambiente y su enfoque a nivel político. Entiendo como pensamiento ecológico aquel que ayude al hombre a perseverar en lo propio en sí (idea de la ética spinozista), en su íntima propiedad, a habitarla y construirla; entiendo la necesidad de un pensamiento ecológico en lo ético, más que en lo político, y si no todos debemos dedicarnos a la política, sí que pienso que sería conveniente que todos aprendiéramos la necesidad de forjarnos una ética. Si a estas alturas de la lectura no se encuentran motivos de interés, dignos de consideración, mejor puede dejarlo estar.
La inmunología forma parte de la psicobiología (es psico-neuro-inmunología) y es ésta, asociada a la toxicología (también biológica, bioquímica), la ciencia que utilizamos para forjar la ética por la que estamos apostando. En tal contexto estudiaremos la teoría de las adicciones: trataremos de vislumbrar, y a poder ser hasta cartografiar, el emplazamiento que recibirá una lógica de la adicción dentro de los límites de esta ética. Tenemos pues dos ciencias naturales y un objeto de estudio que si en buena medida se refiere a lo natural (la adicción desde una perspectiva neurobiológica) también puede tratarse desde aspectos altamente ideológicos, entramados esclavizantes altamente tecnificados. En tal sentido no creo que sea desafortunado decir que nos moveríamos en el plano de lo artificial, según la oposición natural-artificial que estamos utilizando y que, a falta de otra mejor y tratándola delicadamente, me parece de cierta utilidad en la línea que tratamos de avanzar. Se puede decir, quizás, que con la díada natural-artificial tenemos dos caras de una moneda, dos esferas de un complejo o mejor dos polos de un mecanismo oscilador, pues vertiginosamente nos hallamos ora en uno ora en el otro polo, hasta llegar a la confusión: tenemos un pensamiento de la naturaleza y un pensamiento de la cultura metamorfoseándose el uno en el otro en frenética y distorsionada danza molecular.

Inmunoética, 2. Defender no es cerrarse


Una de las primeras indicaciones a la que tenemos que atender a la hora de pensar una inmunoética , una ética inmunológica (una defensa frente al tóxico) es la que nos avisará sobre la inconveniencia de cerrarnos en banda. Una inmunología no debe forjarse sobre el cerrado más o menos total sobre uno mismo. Tendríamos con ello una serpiente devorándose a sí misma, hasta la autodestrucción, un poco como Luzhin, el protagonista de la novela ajedrecística de Nabokov que, creando su propia defensa -La defensa Luzhin- termina dándose “jaque mate a sí mismo”. El tóxico sería la ética personal que trataría de evitar el tóxico externo, haciendo nacer la enfermedad desde dentro, plegada sobre sí, cuyo pliegue llegaría a velar hasta la asfixia al individuo. La inmunología es una cuestión de espíritu o, dicho de otro modo, de respiración. En el absoluto cierre se enferma, se llega a perecer: la inmunología ha fracasado en su quehacer. Ese individuo necesita aberturas, conexiones: la inmunología es una cuestión de habitabilidad en un medio. El individuo, si tiene una nariz, es para aprovechar lo necesario, el aire del medio. Dado este símil elemental, no será el único. El individuo debe tender un numero de puentes determinado que le hagan simbiotizar con el medio. Pero debemos tener en cuenta en qué lugares, en qué ocasiones o de qué maneras el medio puede y debe considerarse hostil, convirtiéndose en tal caso en tóxico. Y es que con esto partimos de una percepción definida, el hecho que en ciertas ocasiones el medio se identifica con la hostilidad, con lo tóxico. Es entonces que el individuo deberá llevar a cabo una praxis de defensa, inmunológica. También deberá tratar de perseverar en una praxis en la que se encuentre en armonía con el medio, sin transmisiones infecciosas: la permanencia perseverante en ese hábitat afín también será cuestión de la praxis inmunológica. Es entonces que la defensa (como anulación, negatividad: anulación de un ataque, de una agresión) encuentra su positividad, su aspecto o vertiente positiva -es cuando hay que construir, regar, sembrar; en definitiva, y en otras palabras, amar, actuar con amor. La vertiente constructiva de la inmunología actúa con amor, como la destructiva despliega las artes defensivas necesarias y oportunas. El ego no ama, el ego sólo se retuerce sobre sí como esa serpiente que se mordía la cola; es por ello que desde tiempos inmemoriales en todas las religiones, en todas las místicas, el amor se vincula a la necesidad de una disolución del ego, que posibilita la entrega, la expresión amorosa (que será el abrazo con el amado (Dios) de los místicos contemplativos cristianos, como el amor sufí o el ingreso en el nirvana del que alcanza el estado de Buda); facilita las conexiones, los puentes, los jardines que regar y cuidar para poder y querer habitar: la relación con el hábitat-medio que debemos cuidar como a nosotros mismos en nuestra defensa, en defensa propia. (Porque, si no queremos habitar el medio -vivir-, por supuesto ya no será tan necesaria una  inmunología como una soga). A ello deberá atender nuestra ética inmunológica, como el sistema inmune se interrelaciona con el sistema nervioso y el sistema endocrino en nuestro organismo. Las transmisiones o acciones del sistema inmune deben ser extremadamente rápidas o sumamente lentas, para trascender el ego: dicho en otros términos, tratamos de una ética de lo inconsciente, tratamos de entramados, flujos, conexiones -todos ellos producciones en el inconsciente: tenemos que nuestra inmunología se tendrá que defender del virus del ego, de la consciencia. Exterminar, cortocircuitar sus flujos. Es de la consigna de exterminio que habla William Burroughs cuando habla del lenguaje, del pensamiento racional, como virus a exterminar. El personaje conceptual del Exterminador, como ya comentaba en el apunte Pensamientos sobre la droga, 3, es nuclear en la ética inmunológica. Este cortocircuito también es mencionado por Gilles Deleuze cuando habla de la necesidad de crear vacuolas de incomunicación, en un medio en que la información puede llegar a identificarse con la denigración (la información como denigración es apuntada por Deleuze en sus estudios sobre el cine, cuando habla de la obra de Syberberg).

Inmunoética, 1. Definición


Pensamos en la inmunoética (o ética inmunológica) como -siguiendo la metáfora del organismo que mediante el sistema inmunitario se defiende de las intrusiones toxicas externas e internas- el proceder ético de defendernos de lo que para cada uno es o puede ser nocivo, en vistas a una vida lo más gozosa, o fructífera, o realizada posible.

Introduje la noción de inmunoética en el artículo Pensamientos sobre la droga, 3.

Pensamientos sobre el anarquismo, 2


Antes el sinsentido que un Dios dador de sentido. La posibilidad que me parece más plausible es que el hombre inventó a Dios, mucho tiempo atrás, como componente facilitador de la explicación en su pretensión de comprender el mundo. Esta opción considerada está -como es sabido- en el pensamiento de Ludwig Feuerbach. Lo atrayente en la idea de Dios -su marketing- está en la tendencia humana a necesitar una autoridad. El dispositivo del cristianismo describe esta autoridad como autoridad paterna (Dios=padre). La supuesta autoridad de Dios complementa a la autoridad del padre. La madurez -es mi credo- conlleva la disolución, exterminio de toda autoridad. Es la independencia, emancipación, autonomía y soberanía. Pero el hombre puede (como digo tiene tendencia a ello) tomar la vía de la servidumbre, elegir la sumisión -es quizás una pretensión para algunos bajo la motivación de la pretensión de dotar de sentido a la vida. Muerto el dios, muerta también la autoridad paterna, algunos pondrán en su lugar al Estado, a la patria, al nacionalismo (pensamiento de Bakunin en Dios y el Estado). Junto a ellos -actuales éstos o no en su autoridad-, muchos darán autoridad ilimitada, absoluta al dinero -pondrán su fe, encontraran su sentido, en el afán de dinero. Y con el dinero adquieren un poder, última máscara de la autoridad, pero este poder -contemplémoslo- no deja de ser, entonces, sino el poder de un sometido, de un esclavo -un simulacro.

Pensamientos sobre el anarquismo, 1 (12 de septiembre de 2014)


Semanas atrás estuve buscando diccionarios interesantes en la biblioteca y uno de los que encontré fue un Diccionario anarquista de emergencia. Convergentemente ayer fue la Diada de Catalunya (11 de septiembre), lo que me hizo salir a disgusto de casa -cuando alguien me hizo caer en la cuenta del día que era- porque ya me veía que iba a ser un “día político”; podrían haber confrontaciones, cuando menos verbales, nervios, etc.; tampoco los patriotismos me gustan. “Ni patria ni bandera”, y hay quien compuso un pareado con patriota, que no vamos a reproducir aquí. En todo caso, yo que vivo en Mataró y soy nacido en Catalunya soy objeto de la polémica que entorno al independentismo catalán se viene generando: las balas me pueden alcanzar; y es que si hay balas yo estoy entre dos fuegos, porque si no me interesa ser gobernado por PP o PSOE, tampoco querría ser gobernado por CiU, ERC o quien “moviese el cotarro”. En todo caso, he comprobado que no me interesa la sujeción a estado alguno; ya hace tiempo que pienso eso, desde los tiempos en que me empecé a hacer partícipe del Imagine de John Lennon -media vida (toda la de adulto, en la medida que lo sea, seguro). Como la realidad que veo es tal sujeción, como no me creo con poder de intervención transformadora de la política de naciones (no veo que se plantee un referéndum mundial sobre quiero-estados-sí-o- no; tampoco me interesa la acción violenta, soy pacifista y cobarde, si se quiere), me veo limitado, transportado a la esfera de lo utópico y del surrealismo (como focalización refractaria de esta realidad a la que doy, como en el título del libro de George Grosz, un “no mayor”). Si a esta negación de la autoridad de la realidad generada por la política de los estados se le llama anarquismo creo que no me equivocaría si me definiese como anarquista, lo que haría de ser legal definirse así, pero como no estoy seguro de la legislación sobre la libertad de expresión en Occidente, en este caso Catalunya y España, y como cosas peores no hay que ir muy lejos para verlas, voy a ser prudente o cobarde, y no me voy a definir con ese término. Pero la cuestión es otra, pues si de lo que se trata con anarquismo es de algún grupo político identificado yo no me identifico con él pues, como dice Groucho Marx “no entraría a formar parte de un club en el que se me aceptase”. Bromas a parte, mi anarquismo, como he dejado entrever, no es colectivo, puede que muchas individualidades lo compartan conmigo, pero esa suma de partes jamás dará un todo objetivable: la utopía no es objetivable, la cohesión es cosa de lo real. He visto con placer en el diccionario que soy un ácrata (también si es legal; salirme de la ley por estas cuestiones quizás insignificantes me parecería embarazoso, lo que no valdría la pena -entiéndeme, por favor, lector: y es que ante lo embarazoso suele alzarse la cobardía o la comodidad). “El mayor desprecio es la indiferencia”, dicen. Yo no pondría bombas como aquellos anarquistas famosos que fueron denominados terroristas. Volvemos a que soy pacifista: por qué derramar sangre de una vida que vale igual que la tuya -vale igual que la tuya- por una causa; si te ves lanzado a suprimir una vida por algo que piensas piensa antes si no es cobarde, si lo valiente no es más suprimir primero la propia, que vale lo mismo que la otra, y, de ser varias, menos; esto que estoy diciendo creo que es legal, aunque no mucha gente lo escucha, aunque Bob Dylan pensase que los tiempos estaban cambiando. En todo caso, no cambian a la velocidad ni, quizás, del modo que el joven lo pensaba. Soy individualista en política, como quizás soy unos cuantos en ética; al modo del anarca creado por Ernst Junger en Eumeswill, o incluso cercano al banquero de Pessoa (El banquero anarquista). Empieza a ser usual la expresión de ser apolítico, que puede ser más suave históricamente que la de ser anarquista. En todo caso son afines.

Aire (contra la psicología conductista)


El ser humano es un poco como el tiempo, que la meteorología solamente puede predecir por aproximación, lo que en ocasiones da lugar a grandes (y deseables) fiascos predictivos (si no no habría aire que respirar).

Señora Miseria (julio de 2014)


Soy un loco que utiliza la moderación. Deleuze habla en algún lugar, moderadamente, de la necesidad de “una pizca de esquizofrenia”. Yo invertiría los términos, para hablar de la necesidad de una pizca de moderación. Y hablaríamos de la moderación como simulacro (de moderación), como de someterse a lo real como simulacro de realidad, inmersos entonces en un gesto manierista propio de la locura. Ser loco sobriamente, seriamente incluso. Yo la realidad la utilizo, como materia, como ingrediente para el cocido de la verdadera realidad, para diferenciarla de lo real, que es lo que se llamó surrealidad, y que en estas líneas he identificado con la locura. La ciencia no puede optar por la locura, por la surrealidad, la ciencia lleva el peso de estar atada a -identificada con- lo real. ¡Y así no va a ninguna parte! Traiciona su potencialidad. Se aleja de lo grande. Hace una apuesta que no merece tal nombre. Esta subordinada a la realidad, que es la de lo político; tal es la política de la ciencia, tal es su impotencia. Por mucho que parezca estar avanzando, por mucho que mi discurso parezca insensato… ¡Es febrilmente sensato! Sobriamente loco, y tiernamente también. Cuando la ciencia es del hombre, humana, más impotente aún. Ciertamente encuentra el objeto que debe encontrar, el hombre, hasta ahí bien. Y es ahí que viene el naufragio, la impotencia más grande. ¿Hablar entonces de progreso? ¡Jua, jua! ¿Hablar de grandeza, de logros, de seriedad, de método científico avanzando cual apisonadora? Un hábito risible ese que se pretende colgar entonces. ¡Jua! La ciencia sólo me sirve, y lo hace, en mi terreno, fuera -¡fuera!- de su realidad, científica realidad. ¿Qué es esa realidad sino una inútil sombra, mas inútil que una sombra? En el fondo es política. Y su discurso es el de los politicastros. Así mejor huir, pero robándola. Robando las trenzas de sus desarrollos para mi mundo, erigiendo un simulacro de esa ciencia de sombras, insertando esas sombras en un bello teatro de sombras. ¡Ahí sí! Me río de cuando me reía de las paraciencias: al menos son graciosas, y con ello creativas. Es de la ciencia de la que me río y de sus instituciones serias, y de la más seria, con la que maquillan atrozmente la vida, de la llamada realidad. ¡Locura, abrázame! ¡Ayúdame a crearme en vida!, a poner unos zancos irreales con los que moverme en la vida, y no esos zapatos de la realidad triste y soberbia. ¡Que no! ¡Que no te quiero! Te uso, sí, como un cleenex, no te creo, me sirves para la loca y divina vida, para la divina locura. ¡Ahí están mis estudios, teatro de la filosofía, que sólo es una gran risa sin gato! Utilizo tus conceptos reales, ciencia, para el gran simulacro, para el gran tajo, para desenmascarar a la verdaderamente pobre, a la señora Miseria. A la sirviente que no sirve para nada, a la impotente, excrementos que fluirán por el resplandeciente water cósmico -del cerebro. ¡Celebremos pues! Estallo en la risa callada. Muertos de risa, como San Buenaventura en la tumba de su amado Dios. ¡Vaya con el Cardenal! Si el alfil del ajedrez en francés es el fou (loco), en inglés es el bishop (obispo). ¡Vuelve la mística, la contemplación siempre ha sabido dónde ponía los ojos!

Pensamientos sobre la droga, 3


Cita Antonio Escohotado en su Historia general de las drogas el principio del alquimista renacentista Paracelso según el cual sola dosis facit venenum (sólo la dosis hace el veneno), sentencia que viene complementada por la de que “todo es (puede ser) venenoso”. Según esta tesis se trata de lo que llamamos comúnmente “evitar el exceso”. Una dosis suficientemente pequeña no será dañina; una dosis que supere un límite  determinado puede llevar al consumidor al envenenamiento o en términos más actuales, toxicidad; “toxicidad” en el sentido de generar un mal para el cuerpo, para el organismo del individuo, en el sentido de una corrupción, degeneración y descomposición que quizás sea entonces irreversible: entonces el mal ya esta hecho, el veneno ha triunfado sobre la salud. La salud es así entendida como fortaleza a defender ante el intruso o invasor tóxico. Una ética entendida de esta forma estará asociada a una inmunología, a una teoría inmunológica de uno mismo, del mundo. Parece interesante, sugerente. Cuando yo -hace años- llegué a interesarme por esta cuestión -sin conocer todavía el principio paracélsico ni tampoco tener presente una concepción inmunológica- lo hice proponiéndome a mí mismo el pensar lo que llamé una lógica de la adicción. Es por eso que la droga, aunque tenga interés evidente para ser pensada en su realidad (psicológica, ética, política,…), me interesa más desde este enfoque, como concepto, parte de una constelación de conceptos que desarrollarían una ética ocupada del cuidado de sí, del cuidado de uno mismo -función principal de las éticas surgidas desde tiempos inmemoriales, y que quedase puesta en un primer plano de la filosofía de nuestro tiempo, como se sabe, por la obra desarrollada por el filósofo francés Michel Foucault, explícitamente, durante la última década de su vida. El cuidado de uno mismo no nace con Michel Foucault, claro, y él no lo pretendía, pues precisamente lo estudió en la historia de las culturas griegas y latinas (para después quedar su proyecto inconcluso, con su muerte, en el estudio del mundo cristiano).
"Todo es venenoso" (Paracelso): el mundo civilizado actual está, por dominar el actual capitalismo altamente tecnológico, movido en buena medida por ataduras gestadas para el consumo de múltiples productos, servicios. Se pretende atar (-¿quién? -los productores; las multinacionales, los Estados,…) al consumo de diferentes productos que se van sucediendo con los años, con los tiempos. Para ello se trata a su vez de atar a diferentes formas de consumir, a unas formas de consumir determinadas, dadas, enfocadas al desarrollo de ese mundo capitalista avanzado en el que estamos inmersos: esto es, dicho con otras palabras, se crean deseos -y junto a los deseos se tendrán que generar los valores apropiados a tal empresa- con el fin de que lo que las masas vayan deseando sea lo que se les irá ofreciendo. Una publicidad -tenemos entonces- ha creado el deseo, nuestro deseo, mi deseo, tu deseo. Esa publicidad no es sólo un anuncio de la TV o un cartel en una esquina. Está en los poros, en el aire, en la forma de pensar, o de dejar de hacerlo. Crear deseos también comporta crear formas de pensar (o de anular el pensamiento). En definitiva, tenemos una ética creada por otros, cuando por definición, o cuando menos históricamente, la ética debería ser esa intimidad en la que el individuo se gesta, se construye a sí mismo; la ética implica la construcción y gestión de la propiedad, entendida esta "propiedad" como lo propio en uno mismo, lo propio que, en este sentido, hay que construir e ir descubriendo en la construcción, en la propia creación de si. En este sentido se puede decir que la ética es -su función es-, perseverante. Mucho hay de cierto -según lo que voy describiendo- en el mundo actual, pues, en las palabras de "todo es venenoso": lo tóxico está incluso en nosotros, como desde una perspectiva no muy lejana y diría que afín dice Gilles Deleuze que debemos denunciar y tratar de exterminar los microfascismos en nosotros mismos, en nuestro interior.
He dicho ahora “exterminar”. Y ya tenemos una figura de nuestra virología, de nuestra inmunología: el Exterminador. Este personaje fue ya creado en una literatura, en la de William Burroughs, con su obra Exterminator! - decir que Burroughs entiende el lenguaje como un virus de un espacio exterior, y el pensamiento racional como aquello que hay que tratar de exterminar; y esto no deja de entenderlo sino dentro de la perspectiva de la sociedad de control actual, en la que unas mentes tratan de controlar y dirigir la voluntad y la mente de las masas, de los individuos, del pueblo. Vamos dibujando el mapa, el cuadro del tóxico, del veneno. Bajo estas premisas que hemos ido esbozando podría nacer quizás una inmunología, una lógica de la adicción.

Pensamientos sobre la droga, 2


El consumidor debe saber -especialmente el joven, pero también el adulto- que el uso continuado de drogas le acarreará, junto al disfrute de paradisíacos placeres y a la abertura de puertas que adentran en vías de conocimiento, unos efectos nocivos en su propia psicología -digamos que como una medicación conlleva la droga unos efectos secundarios que lo que aquí ponderamos es que a veces son tan importantes para uno mismo como el efecto primario de disfrute. La tentación es grande, y yo -haciendo retrospectiva- no me arrepentiría de haber tenido en mi juventud experiencias relativamente frecuentes con esas substancias psicoactivas. Pero hay que considerar los malos sentimientos que acompañan en buena medida a tal transitar. Se dan síntomas de una enfermedad en uno mismo, y esto desde la perspectiva de uno mismo y no ya de médicos, familiares, conocidos: lo peor del caso es que uno no se encuentra muy bien, en ocasiones. Por otra parte, también de eso se podrá aprender, pues de todo se aprende; y se podrá canalizar una nueva salud a partir de la enfermedad, una nueva originalidad y propiedad, particularidad y singularidad a partir de la rareza enfermiza, de lo esquizoide y de lo paranoico que se habrán alimentado en el individuo. Pero tampoco aquí debemos excedernos. Con eso el individuo se verá abocado a un quehacer ético, a un cuidado de sí mismo en vistas a exprimir el jugo de sus potencialidades, domando el exceso, lo tóxico para ese individuo que todos llevamos dentro, o somos.
Habiendo encontrado su propiedad, su singularidad ese individuo ya estará dispuesto para “alcanzar los efectos por medios no químicos” (ver Pensamientos sobre la droga, 1): habrá alcanzado la disposición. El metal ya limpio podrá someterse ya a transformación, que dirían los alquimistas.
Decíamos que el sujeto encuentra unos efectos adversos: recordemos. Manía persecutoria ocasional, pero no por ello menos presente. Sospecha, lo que creo que se llama pensamiento bizarro -según tuve ocasión de ver en la descripción de un psiquiatra en mi juventud, época de la empresa de la que estamos tratando. Duda psicológica -digamos-, asociada y dirigida a la crisis de personalidad; inseguridad, e inseguridades; se puede llamar despersonalización. Exacerbación de lo esquizoide, exacerbación de lo paranoide también; altibajos espirituales de consideración. Lo primero, en los diagnósticos clínicos psiquiátricos podría llevar más hacia los casos de la llamada EPC (esquizofrenia paranoide crónica), lo segundo, a los casos de la llamada bipolaridad (trastornos bipolares). En todo caso, no obstante, como iba diciendo apostando por la regeneración paciente e inteligente, trabajo del individuo sobre sí mismo, todo este cuadro de tintes patéticos, siniestros deberemos recanalizarlo con el tiempo y una caña hacia un futuro mejor, en el que quede la peculiaridad y singularidad, pero no la desestructuración y descomposición. Debemos, deberemos construirnos, y madurar.
Dicho sea de paso, a mi modo de ver un tratamiento que trate de ayudar al individuo no debe buscar su normalización -sea esta lo que sea, parece un comodín vacío- sino la canalización de sus potencialidades, esto es, la potencialización de su singularidad y de su propiedad (lo propio en sí).

Pensamientos sobre la droga, 1


Iniciamos a continuación una serie de pensamientos tratando la cuestión de la droga, en sus múltiples facetas.
Autores como William Burroughs o Hermann Hesse, escritores experimentados -como se sabe- en el campo de la droga, llegan a la conclusión de que es menester alcanzar lo que la droga puede aportar al consumidor -aspectos positivos- por medios no químicos, esto es, absteniéndose del consumo. Tal idea es tan atrevida como sugerente, y para algunos sera consigna con carácter absoluto. A mi modo de ver es una idea muy válida, siempre que el individuo haya entrado (iniciación) en un estado de (pre)disposición para tales procesos: en la terminología del filósofo Gilles Deleuze, el individuo debe haberse desterritorializado suficientemente, en la medida necesaria y oportuna, debe haberse creado -o más bien debe tratar de crearse, atravesando el umbral de la experimentación (las puertas de la percepción, que dirían William Blake o Aldous Huxley)- un cuerpo sin órganos.
(Trataremos en otro pensamiento la cuestión, en Mil mesetas de G.Deleuze-F.Guattari, de la diferenciación entre el cuerpo lleno sin órganos y el cuerpo vacío de la droga.)
(Para la noción de cuerpo sin órganos véase el capítulo 6 de Mil mesetas de G.Deleuze y F.Guattari, titulado "¡Cómo hacerse un cuerpo sin órganos?”).