sábado, 30 de enero de 2016

Sueños rotos


Sueños rotos, acariciadme. La fina aguja penetrando, amarga. Dadme la nueva luz, sueños rotos: traedme a ese amigo hueco que siempre retorna, traedme su caricia, una noche más. Tu cuadro me llegó con el cristal roto, cosas de la empresa de transporte, o resultó frágil, demasiado. Pero pude ver, sí, sus infinitos colores por entre las grietas: tu cuadro, el jugar fulminante de las luces. Traedme a mi amigo, quiero su caricia en la sombra: sueños rotos, dadme el alba irisado, en este día muerto: dadme el rayo blanco en el cerebro demolido.










Foto: Ópalo (México), imagen extraída de la Wikipedia (Didier Descouens)


viernes, 29 de enero de 2016

Una autodefinición


Me considero, me defino como surrealista desnudo, crudo; surrealista sin disfraz de surrealista. Un poco de rigor, de criterio, señores.

jueves, 21 de enero de 2016

La lágrima


Toda mi vida ha sido, es y será una lágrima.
Extensa, la ha envuelto: ha envuelto la insignificancia de mis años, el callar impotente de mis sueños.
El llanto de mi vida sólo fue esa lágrima que no llegó a brotar. No ha sido un manantial majestuoso. Ha sido lo que pudo ser y no fue.
La lágrima que yace congelada, petrificada, como un Cristo en su cruz, mínima como el niño que no quiso nacer al ver el mundo. Mi lágrima nunca me dejó ver el mundo. Y mejor así: llego a intuir que no hay nada que ver en el mundo. Sólo rapaces.
Mi lágrima lo distorsionó todo -me negó.
Y bebo de ella la nada más profunda, más insignificante, en el umbral del fin.


lunes, 4 de enero de 2016

Niño en la fábrica (cantar navideño)


Sentimiento de hielo: barrotes - de hielo. En la mirada de hielo del niño que ha perdido su país de origen - sus sueños en el trópico.
En la fábrica tailandesa. Esclavo, el niño trabaja, a tiempo completo. Mis hijos han de tener el último diseño de zapatillas para cuando empiece el colegio; si no las tienen les cogen por el brazo, les rodean - les golpean, sus compañeros -les aíslan. Todos a destacar en ser iguales que los demás desde niños, pero mejor aún - si no, nos escupen. Mi coche de cuatro ruedas como el tuyo tendrá que ser más rápido: y ya verás qué lejos iré; no tanto como el jefe - eso no - pero muy lejos, sí: exacto.
Los niños esclavizados de la fábrica, con barrotes en la mirada y miel ausente en los labios, hacen las zapatillas para mi niño. El ogro Papa Noel realiza sus encargos con puntualidad precisa. Siento las manos sucias, conozco mi corazón-estalactita: petrificado ha visto el proceso mil veces; por mil veces ha muerto, se descompone: es la estalactita, gotea como un reloj, en el repetirse cósmico de la miseria. No, hipócrita lector: nuestro corazón fue vendido; nuestros sueños aparecen por siempre rotos reflejados en la pupila del niño esclavo. Los puedo ver - rotos - en tus ojos estables, como los puedo ver - ausentes ya - en mis sucias manos, sucias por siempre ya, que señalan, heladas (en un perceptible temblor ajeno), la cárcel en los ojos del niño - de la fábrica. Este año también nos puede tocar la lotería del niño, seremos ricos: y como Pilatos me lavo las manos - inútilmente, como payaso acorralado. ¿Esperanza? Pase mañana.
No más. Y que me escupan... aislamiento...