martes, 28 de marzo de 2017

Profanación y respuesta


I


A Ian le había sorprendido su abuela, la señora Martha Benn, señalándole una noticia del periódico. Sabía que él no leía los periódicos. Le dijo: «¿No es éste el músico que escuchas?».
Se anunciaba el memorial por la muerte del cantante de la banda de rock gótico Christian death, Rozz Williams.
Días atrás la abuela le había pedido que alejara el cenicero que él e Isobel habían dejado en la sala de estar repleto de colillas: «no volverá a suceder», pensó él.

La abuela pasaba horas en la sala de estar, habitualmente sola, sentada en su sillón (su marido, un militar, había fallecido hacía veinte años). Estos dos hechos relatados habían acontecido meses atrás. Este día, Ian se dirigió a la sala, hacia su abuela y le entregó un pequeño papel:

«Que no se apaguen tus ojos
nos queda mucho por vivir
¿podremos?»

Los ojos de la abuela Martha perdían su brillo. Ella guardaría el papel: más tarde, ya sola, lo enfundaría en un plástico transparente con una hojita de planta en su interior. La hojita quedaba debajo del texto.




II


Isobel hablaba con Ian sobre el Frankenstein de Mary Shelley, sobre la venganza que ejerció sobre su creador por carencia de amor recibido. Conversaban sobre si el constructor tendría que haber creado la novia que le pidió el monstruo, para alejarse de la humanidad a los confines del planeta, y poder vivir el amor en el olvido del rechazo a que la especie humana le sometía.
Atravesando la puerta principal del parque de Blackshore, sus manos se juntaron. Se detuvieron en un beso y se adentraron en el parque cogidos.
Llegaron a un lugar en el que encontraron a un grupo de jóvenes. Estaban plantados alrededor de un banco, eran siete. Rodearon a la pareja: por su aspecto gótico les empezaron a increpar:

-¡Qué pálidas caras! ¡Os vais a quedar más pálidos!
-¿Qué lleva, una lágrima pintada?
-...

Les golpearon y, en el suelo, les patearon con sus botas militares. Una patada abrió la cabeza de Isobel, que murió al instante. Desde el suelo Ian vio sólo una cosa: la camisa blanca de Isobel ensangrentada. La vio con toda claridad, aún con más claridad que la real, sumido como estaba él en el dolor y el caos de la violencia. Vió un blanco extremadamente brillante profanado por el rojo de la sangre. Eso vió, y salió de él un grito terrorífico, que hizo alejarse a toda la banda, mientras él quedaba inconsciente, en el suelo, junto a la novia muerta.



III


En la otra parte de la ciudad se localizaba el parque de Bighorn. Días después de la tragedia los mismos siete jóvenes se acercaron a una vieja mujer, burlándose de ella.

-¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

La vieja levantó la cabeza, se abrió la antigua gabardina y sacó una ametralladora que había pertenecido a su marido muerto, rociando a balazos a los jóvenes. Acabó con todos.
La mujer se retiró unos pasos y, sentándose en un banco, dejó caer la ametralladora. Un rayo estallaba en la noche; empezó a llover a cántaros. Y a la señora Benn se le apagaron finalmente los ojos.




(En honor a Sophie Lancaster, y a las víctimas de las agresiones de grupo.)



martes, 14 de marzo de 2017

La suave queja


Hora del ocaso
los frutos redondos, los labios
en las nubes
tormenta
cruz y tarde
el manto
en las ventanas, un barco blanco
rojos rostros, la voz azul
en el oído
hermano mío
han pasado de largo
por derruidas gradas
queja por una muerte
susurra la queja
los ojos, un pájaro
y suenan
de otro modo
tan suave
de tarde vienen alegres
por el camino
todo está florido
la oscuridad me borró
pero sigue el apátrida
bajo las sombras
meditación dolorosa
tal vez vibran
en claras salas
tal vez
un aroma
el viento
de tarde
una criatura
siempre piensas
vacía y muerta
la ternura
calma
risa
allí afuera
largo tiempo escucha
con nieve
silente
ya madura
en la pétrea estancia
también está bien
suspirando la dulce guitarra
los aldeanos
bóveda de estrellas
dejó su podredumbre
imágenes de nubes
fluctúa
huye
en el fondo
con la melodía
putridez de paraísos
tal vez una luna
tal vez un paseo
el infierno
bajo purpúreas máscaras
recuerdo
la estrella se apagó
cuando ella
tenebrosa
solitaria sangra
suave en lo oscuro
oscura hora
incontenibles minutos
un gran dolor
se hunde sobre el espejo
voces volaron
tu cuerpo
horas y horas
persigue al cielo
fantasmagoría de la pasión
el estanque azul
dormido en el asfalto
hay sombras
en las ventanas
tarde en venta
verano amarillento
un grito en el parque
pasando ante mujeres
mercancías
su violín
una bandada de aves
la suave queja.