jueves, 23 de junio de 2016

¿Aprender de todo el mundo?


Hay una frase hecha que dice que de todas las personas puedes aprender algo, tienen algo que enseñarte. Me cuesta creer esa frase. Verdaderamente, aunque suene mal, a veces rechazo a las personas con un primer contacto. Me causan rechazo.
Dado el caso, con una de estas personas, creo que sería incapaz de aprender nada de ella, aunque realmente tuviera algo que enseñarme. Hay gente de la que sólo veo cómo me gustaría distanciarme de cómo la veo, alejarme. En todo caso, lo que aprendería de ellas es a confirmar mi rechazo por una cualidad de ser. O lo que es lo mismo, mejor dicho, no aprendería nada.
Y creo que en esos casos el rechazo es muchas veces, si no siempre, recíproco.


miércoles, 22 de junio de 2016

Se pierden los trenes


He aquí la totalidad, cabeza de madera, obra simbólica de la tempestad
proverbios han vuelto, dioses en sus conchas, terror en las patrias de terciopelo
el hombre destructor, los personajes corrían, la inmovilidad, había estado enfermo
deprimentes opiniones favorables, terreno absoluto, esos objetos, la multitud degradante.

A pesar de todo no arreglaba nada, hay tristeza y los habitantes, un cielo inmóvil
el viento canta, niñez brillante, historia enjaulada
ahí está, solamente por la tarde florecen, todos los ruidos extienden el brazo
singular el silencio, no espero a nadie: pero ese grito.

Hacia la noche ojos, la guillotina, qué se ve, la ciudad avanza a cara o cruz
pensando ha dejado su cadáver, sale del cuarto, por todos los rincones
busca en vano por las orillas, hace tanto tiempo la plegaria, la lluvia
los puentes y las cascadas, mi geometría todo el año, en la periferia.

No hay nadie sobre el muro, manos iluminan la inalcanzable distancia
roza la cuerda, canciones de cuna, viento, cuántos despojos
mágico andar, sucio olvido es el cuerpo, y sin embargo nuestros sueños
él prepara la interrupción, la lógica, la edad, todos los cerebros.

En otoño, ceniza, los ojos azules, muerto el alfabeto no fue más
un grito, en alegría, ha olvidado, batallas sin fin
todo su negro llama, mi venganza, un cartero, la horca
no hay laberinto, todas las alas, todas las llaves del vacío.

La tristeza por diluirse, en rejas el hombre, para pulverizar las perspectivas, allá lejos
sobre ti la noche, el amor oculto, rompen los besos, los desafíos y el reflujo
el gran cielo, la gran noche, se pierden los trenes, ese gran corazón en exilio
el decorado, el teatro, el drama que muere, o se aparta, tu sangre por la espiral.


sábado, 18 de junio de 2016

Se oprime mi corazón


Castigadas sus piernas, agua cansada, hasta el desastre, rompe el azar
la nomenclatura y la carne, la velocidad, sus manos
conserva sus lágrimas, con el murmullo la piedra, anocheceres sin dialecto
ojo mío, crujiendo el corazón al paisaje, las montañas, el preludio sangrante.

Dadme la barrera ideal, florecerá un fuego de mi cuerpo, se instala
no prestes atención, no todas las nubes, no toda lluvia huérfana
los olvidados, los viejos jardines de ojos abiertos, flores, pájaros de sed
te has vuelto de las bestias, en medio del día, crece tu fuerza.

Abandonas el zoo, sería azul, con tu paraíso hacia las nubes, separadas las piernas
miseria, el filo, mi noche: tu querrías, nada brilla, para encontrar tus dolores
ni los ojos de las moscas, tu angustia, qué te diré esta noche
olvidé, muerde su labio, marchas demasiado tarde, y las momias más definitivas en vano.

Desapariciones, degenerados, cerebros, silenciosos enamorados
imperan los magos, temperatura benigna a través, necrópolis y finalmente los paisajes
yo canto un relámpago, tú harás un hombre mejor, si habitamos la poesía
los reflejos, las aguas claras en el interior, sin mezclarse el llanto.

Cerca, por la imagen, en los bordes, fatigado, se inmoviliza
todo el amor se prolonga hasta fundir las tinieblas de un final próximo, estrellas
exportación, la noche, uno nunca sabe, ahora llega el tiempo
tu carne cuando te acaricio, hoy es hoy, y no se atreven en el océano.

Te irás, el oleaje, un invitado más, lámpara apagada, yo duermo, lucho
déjame seguir, no dictamines más, él había seguido hacia cementerios, asistido a bailes
pero precisamente se ha vuelto despiadado como una mano se levanta del sol por todas partes
tus miradas surgen, tempestades en fuga, se oprime mi corazón: y muera aquél al que aspiro.


jueves, 16 de junio de 2016

Un resplandor



Más mísero, tan sólo una palabra, un silencio, las hojas muertas
frío, la sombra del alma, los sonidos, nada más
congelados, a través del día, yo no soy: dio un grito extranjero
nosotros a toda prueba: ni lógica, huracanes con nostalgia.

Al azar suspiran, uno se aleja, se aproxima, se arranca
dónde: aquí dejé nada, ha extraviado la noche
no hay límites en el momento estrangulado, si uno piensa las llamas
mastico este desierto: amo y no puedo soportar tus ojos.

Desorbitados: que me arranquen, donde se marchita, en los espejos
yo te amo, es probable, guiándose ese hombre, llega el otoño
mirad: nada podréis probar, se balancea la amargura, me impide morder
la existencia, gentes, una bestia: la palidez que soy no puedo soportar.

Nunca notaste que ahí justamente te perteneceré, el aire de las alas
desde una jaula brota su segunda naturaleza, cierran los ojos
prados azules, espacios del león, ojos fieles, la carne, los zapatos, las piedras
recomenzar esta mañana, la luz me encuentro, me despierto, es de día en el aire.

Una lágrima: separaste las mariposas, alas radiantes, una estrella
sus besos, su luz, su dulzura, la ciudad arde, los caballos fugaces
el cielo: «venid a devolverlo, psiquiatras», máximo perdón, la cabeza al galope
en llanto extiende los descubrimientos, una desolación soberana, un resplandor.

Respira, contempla los cuerpos, vacía la vida, el mundo alrededor, el Verbo
formas en los cráneos, en la ventana, me destruyo, fronteras de toda realidad
cambio de rumbo, se eleva gris, danzará a causa del deseo, hasta el suicidio
él decía: «quizás la viajera, su fuga, sólo una lluvia», desemboca muy lejos.



sábado, 11 de junio de 2016

Por ocultos caminos


En invierno, vehemente deseo, huésped fascinado
donde falleció la agonía, alimentar al cuervo relampagueante, abandonó
oscuridad, nos trajo inútil su gloria y poderío, del bosque las coronas
ha traicionado una forma, viviente criatura, viejo espantapájaros.

Creería al hijo, imaginó un azul, rompen corazones que simbolizan los cielos
autoengendrada danza, medio muerta la poderosa época en el escarnio
lo canto, torres del pensamiento, el invencible laberinto elegido
un instante, su propio deseo y la abstracción del odio, la luna, la cima.

Alcanza seda, una bolsa vacía, todo cuanto devoras: se alejan
el ave muriendo en trance rasgado, apasionado, el rocío en la hierba
suspirando se hunde, se descarga de su peso, arriba el viento ríe
sus miembros desde la caverna destellan intentando conocer, cegado se expresó.

Dormidos los nombres terribles, sabuesos obedecieron, deseos o un amanecer
ecos idealizados le preguntan, él rechaza al emperador, confusión repentina
graves las gentes, esta solución en abismo, los crueles aviones: lee esto
acércate, atiendes, pierdes: la sensualidad, el equilibrio totalmente inventado.

No esperes, cuando despierten aquellas manos, cuando los labios perfectos
embriaguez rigurosa: no le importó el país desde la ventana, otra vez los ojos pálidos
unos cuantos pasos, su carne, el gozo desnudo, permanecer
esto pensaba, debe haber un rincón, nadie, no nos importaba.

Ocurrió, ahora ha ganado la vida, en qué lecho escribirá versos
no siendo soldado, el mejor guía, caminó sin rumbo, apagada la luz y las respuestas
muchas tumbas: «que hablen», es sólo alma ya por ocultos caminos
sentimiento dulce, sabes tú, figuras mortecinas ensambladas, días gráciles.


jueves, 9 de junio de 2016

La última flor


El sinuoso sendero, lo llamo muerte, ante mí flota
vienen espíritus, la sangre, complejidad, esas imágenes
todavía ruego, pensáis tal peste, tengo otra cosa, de nuevo sus heridas
lo ha cegado, oculto entendía, nos levantaremos entre toda la jauría.

La plenitud, la luna, se han perdido, se pierde la noche
la imaginación sin embargo, avances, te conciernen
los verás, no te entristezcas, mintieron esperanzas
di adiós, durante el reinado, los impulsos lascivos, crisis.

Cuando lo desee, en alto tu ideal, voluptuosos aromas, no apresures el viaje
es mejor la experiencia, la piel recuerda, su encanto
cénit cayendo como la nieve, tiempo de morir, cohetes, un libro
tiene hambre, ¿quién hubiera dicho? el cielo.

Juegos subterráneos, intestinos ramificándose, nada se ha hecho
en mí mismo encuentro los ángeles, hechicero, metamorfosis, brilla al fondo
el polen que conoce la vida, varios idiomas, en la cabeza sus mejores amigos
ha visto la guerra, no somos: dar realidad a lo ilimitado, nuestros errores.

Tened piedad, sanaré, nostalgia
he aquí esa viva llama, toma mi mano, aprieto fríos ojos sobre el corazón
temblorosa risa, como es mi sueño, estaría sentada
mi patria, soy una mujer, soy un niño.

Ninguna blanca puerta está abierta, sollozos, invierno, la última flor
horizonte, no vayas, mi jardín
la vieja nube, la vida, no nos decidimos, una nueva máscara
un extraño, el instante, una isla lejana, el día entero sobre las piedras.


lunes, 6 de junio de 2016

Polémica



En una discusión llevar el razonamiento hasta sus últimas consecuencias y ver que se sostiene el tuyo -tu razonamiento. Ver que esa discusión toca al público, aunque sea como testigo, y ver que se quieren introducir causas morales ajenas a lo referido en el tránsito. Una discusión dialéctica se ha transformado momentáneamente en un juicio de valor contra el vencedor de la polémica.
La gente suele desviarse hacia tal destinación. No se limita a atender al rigor dialéctico. No tiene en los poros el placer de lo que decía Wittgenstein: si es A, tiene que ser entonces B, y luego C y también D... Qué belleza hay en ese trayecto vertiginoso. ¡Cuántas horas de rigor, de tranquila meditación, de método se diría, de lectura silenciosa, de reescritura de lo leído... tras ese placer! El placer del pólemos... el acto psíquico que confronta al enemigo, sabedor de que siempre hay partes; se toma partido. De que siempre está al acecho la postura opuesta. El arte de los sofistas, pero también el de Platón, Sócrates o Heráclito. Cuando el filo de la filosofía pone en entredicho su filia. Porque a veces para lograr una amistad (una filia) hace falta generar cien enemigos, setas en el bosque tras la lluvia.
Se defiende como por una ofensa... Hace el giro hacia lo moral, hacia el juicio de valor. Y ahí ya se le puede clavar el puñal al pensador, hacer beber su cicuta a Sócrates, derrotar al pensamiento, por el poder, porque se puede, o eso se creen a veces. Puedes romper relaciones por defender tu postura. No obstante, hazlo. Es lo único que tienes, lo que te valdrá la pena.


viernes, 3 de junio de 2016

En ruinas el umbral


Ante nosotros el alba, continuaremos limpiando
imágenes que nadie entendía, la plenitud o un amanecer
se pierde el camino de sus convicciones, voces exquisitas, no te engañes
mi posición: cuando lo desee, momento de crisis, he soñado.

Sin temor encontrarás perfumes de todas clases, voluptuosos, un bello viaje
sin ella regresa cuando los labios recorran el rostro desterrado
para ser olvidado, gozaba cada día, aumentaban ante él
miserablemente la luz de la historia lo olvidó, su fin desde abajo.

El cuerpo del amor, me embriagué, esos labios otra vez
entre la muchedumbre los peligros, cansado de su viaje, aparte de nosotros
permanece en el poema para siempre, abandonan la casa
desnudo, sensual, terminó los asuntos, donde vivía entró en voz baja.

Sobre la mercancía el dueño se encontró, no existe
miembros maravillosos, muertos cercanos, mientras lo sintiera cerca
«desentiérrenlo los cristianos», se indignó, el rumor del follaje
oscuros años, sombríos pueblos, danza, los pasos.

Tus labios en el azul, es nuestro silencio, enmudecieron por el lindero del bosque
desnudos zarzales sangran, sus pasos, al caer la tarde
caía la nieve plateada, áspera soledad en la encrucijada
aparece inmortal, inclina la frente de invierno, en ruinas el umbral.

Brilla un árbol, herida, campanas, el gesto sosegado
en silencio los amantes, dulcemente, ebrio el estanque
floreciente el jardín, la noche y sus sueños
la paz, sumergida en purpúrea risa de metal, la cabeza salvaje.



miércoles, 1 de junio de 2016

El desprecio


Las cosas. Los mejores en la fe perdida
sin duda emerge al fin su hora, para nacer a lo largo del verano
todos se olvidan, abrazados
sensual música, ciudad sagrada: «hundidme».

Un animal en el artificio, caballeros y damas tan ansiosos, lo que pasó
cosas abstractas, ser caricaturizado
cimientos del resplandor del día, un misterio, una pequeña bandeja
el deseo que alabaron: ¿quién compuso la canción?

Extraño tropezó. Buena gente, con gritos, musas burlonas
he encontrado un ojo delicado, habita el sol en eclipse cuando tus arroyos
orgullo, el cisne. Les declaro, me burlo
dejo afilada el alma, las nubes dormitan, sombras, no hay nada bueno.

Oprimido rabió el corazón: debe alzarse
triste y vana; inútiles todas las llamas, fragmentos
nutren su costado, en la boca la oscura noche
yacían en momentáneo dolor, aunque nunca el arco de un violín.

Los muslos, la gloria, las iluminadas velas
¿cómo podremos sangrar, verso por verso?
medio muerto declaro mi escalera, invencible laberinto debe desvanecerse
ninguna clama por la luna, un ermitaño escoge los pesares nocturnos.

La vanidad ante mí flota, el sendero, el ave común
metal inmutable, frescas imágenes no aparecieran por amor apasionado
tengo otra cosa: plata. Observó suspirando
se descargan la obscena cabeza, copulan, ladran.