¿Recuerdas?
¿Recuerdas cómo te apresurabas a hacer un alto en el camino a ninguna parte y nos encontramos, ahí, en el bar de una estación junto al mar? ¿Cómo me hablabas de escribir un libro de tus hombres y empezabas a leer, o mirar, o tocar las líneas de mi mano? ¿Y cómo me fui con tu teléfono escrito en un papel con lápiz de ojos, y tú te llevaste también parte de la arena de la playa?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas que ése fue el primer día, pero vendrían muchos más?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas mi locura? Recuerdo cómo construiste sobre ella, y yo siguiendo tus pasos, con los ladrillos del amor. Yo no tenía pan y a la vez tuve todo el pan del mundo, todo el que necesitaba para mi verdadera alimentación: todo el aliento.
¿Recuerdas?
¿Recuerdas cómo en el exilio respiré el aire de tu ciudad? ¿Y cómo una brisa, aquel aliento, nos llevó a encontrarnos donde siempre habíamos permanecido: mano con mano, labio sobre labio?
¿Recuerdas cómo hiciste para que no tuviera duda de que recordabas? Día tras día, cerca y lejos. Lo hiciste. Y recuerdas que lo hice yo también, y que esa memoria lo es todo, en el recuerdo como en el porvenir, en la eternidad como en el tiempo (que son lo mismo).
¿Recuerdas? ¿Y recuerdan los que aman?
¿Sabes? Sí. ¿Y sabes que yo sé, sabes que recuerdo? Sí. Y sé que sabes que yo sé que recuerdas, que recuerdo... no el pasado... sino todo.
Como saben los amantes.
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