lunes, 4 de enero de 2016
Niño en la fábrica (cantar navideño)
Sentimiento de hielo: barrotes - de hielo. En la mirada de hielo del niño que ha perdido su país de origen - sus sueños en el trópico.
En la fábrica tailandesa. Esclavo, el niño trabaja, a tiempo completo. Mis hijos han de tener el último diseño de zapatillas para cuando empiece el colegio; si no las tienen les cogen por el brazo, les rodean - les golpean, sus compañeros -les aíslan. Todos a destacar en ser iguales que los demás desde niños, pero mejor aún - si no, nos escupen. Mi coche de cuatro ruedas como el tuyo tendrá que ser más rápido: y ya verás qué lejos iré; no tanto como el jefe - eso no - pero muy lejos, sí: exacto.
Los niños esclavizados de la fábrica, con barrotes en la mirada y miel ausente en los labios, hacen las zapatillas para mi niño. El ogro Papa Noel realiza sus encargos con puntualidad precisa. Siento las manos sucias, conozco mi corazón-estalactita: petrificado ha visto el proceso mil veces; por mil veces ha muerto, se descompone: es la estalactita, gotea como un reloj, en el repetirse cósmico de la miseria. No, hipócrita lector: nuestro corazón fue vendido; nuestros sueños aparecen por siempre rotos reflejados en la pupila del niño esclavo. Los puedo ver - rotos - en tus ojos estables, como los puedo ver - ausentes ya - en mis sucias manos, sucias por siempre ya, que señalan, heladas (en un perceptible temblor ajeno), la cárcel en los ojos del niño - de la fábrica. Este año también nos puede tocar la lotería del niño, seremos ricos: y como Pilatos me lavo las manos - inútilmente, como payaso acorralado. ¿Esperanza? Pase mañana.
No más. Y que me escupan... aislamiento...
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