miércoles, 7 de septiembre de 2016
Cielo en la pared (a mi madre)
Yo era un niño aún, mi madre había muerto años atrás. Yo apenas la recordaba, su realidad. Su ausencia, sí; su ausencia estaba muy presente en mí, en mi vida, en mi personalidad futura.
Apenas la recordaba: ¿la había borrado, eliminado de dolor, de trauma? No lo sé. Seguramente.
Lo que sí recuerdo es que me decían que ella estaba en el Cielo; y también que había sido enterrada.
Y me acuerdo, mirando hacia delante, echado en la cama. Y con una visión penetrante, fija veía a mi madre, en la pared, como aparecida, como creada, presente. Presente y ausente, lejana y cercana, a un tiempo.
La pared de mi habitación era el Cielo de mi madre, mi proyección, como dijo Freud; como los cristianos proyectan su Dios (a veces también en la cruz). En esa pared vi el cielo de mi madre.
Cuán potente es la mente humana, que genera el Deseo a partir de la carencia. Cuán potente fue la mente del niño que necesitó el amor materno, y creó un Cielo para ella, en la Pared.
Y si creé lo mayúsculo fue desde la infinita pequeñez, desde la necesidad. En el fondo no era algo mayúsculo: era el cielo de mi madre, nuestro precioso cielo.
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