lunes, 5 de octubre de 2015
Carta al hermano menor desconocido
No debemos forzar a las personas cercanas, tampoco a las lejanas. No imponer, no controlar. Extermínate si es necesario, mata tus impulsos, pero no mates a tu alrededor. No atar. Quizás no sea fácil, pero trata de seguir esta consigna. Deja volar al ser amado, ¿por qué estrangularlo? Haz que de la nada surja la expresión, el gesto que lo diferencia. No el que lo iguala, no el que lo niega como singularidad. Antes no podrás quererle. Antes no habrás compartido nada con él. Nietzsche escribió: "no la ausencia de amor, sino la ausencia de amistad, eso es lo que hace los matrimonios desgraciados". Considera la caricia, considera el susurro cálido, olvida la garra, olvida el mandato. Sé hombre, descubre tu entorno, inténtalo, no es difícil, un pie, luego otro, y ya verás; no desesperes, llegarás a ello. Llegarás a la persona que tienes delante, y te encontrarás en el espejo. Tras el ansia de tantas propiedades por primera vez tendrás algo propio. Ves hacia lo desconocido. Quiere lo desconocido. No lo sabido, busca lo por conocer. Desconfía de lo normal, llegarás a amar lo diferente, a degustarlo. En un festín infinito. Hay carencia, hay vacío, pero es un trampolín: el vacío es el salto. Persevera en ti. No te rindas, afina el oído, hacia lo nuevo. Cortocircuita el tópico.
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