jueves, 12 de noviembre de 2015
El baile más transgresor
En una orilla distante - luchar con ojos cerrados, la estatua vacía. La arena disolviéndose, el cristal. Hoy, el sonido bélico: mírate, entre los alambres. ¿Qué barbarie emerge, sin dilación? Señalizaciones te impiden continuar, hoy. La barbarie chirría. Cuando me miro, chirría. No puedo ya. La flor marchita, en la orilla. El grito, la huida: surges en tu voz que niega. Callas; callas y niegas. Marionetas permanecen, danzan. Y éso es lo que me encontré, mirando atrás, ya muerto. No me olvides, no quiero dejarme de lado. No me dejes de lado, cuando se apaguen las luces, y la música fallezca. Mi corazón entonces, rojo vino, renacerá, en una tierra sin pretensiones, distante, en la orilla. La música del piano sonará nuevamente, lejana. Despojos de mí florecerán en tus ojos, como pestañas cósmicas. Sobre los despojos nos obligaremos, en manos prometidas, al baile más íntimo, más transgresor. Y las luces se apagarán; se apagarán y se encenderán: sobre nuestro ojo, y más allá, en lo descompuesto, parpadearán, sin fin.
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