lunes, 7 de diciembre de 2015
Escucha mundo
Escucha mundo; hoy voy a lanzar mi odio sobre ti.
Por tu agresión. Por eso que dices que es aire y me obligas a respirar: la dulce brisa que fluye roja entre las grietas del agujero dónde, paulatinamente, degenero se va tornando en amargura que se arrastra en su rostro de rechazo. Como un hueso mal lanzado a un perro, pretendes que te quiera, que te devore con devoción. Ni te has planteado comprender mis necesidades: amargo, eres una esfinge vacía y que caprichosa se impone, me pisa. Puedes quedarte con tus delicias, en el negro no te necesito. Roba los colores que me pertenecen. Ves al mercado a vender tu sucedáneo. Vende tus máquinas de escribir. Regala tu rechazo, vestido con demasiados diamantes falsos. Tú me pisas y entre las piedras me contorsiono: y vomito la náusea. Náusea de ti. Porque no, no acepto el hueso que me lanzas en tu grandeza; no es mía, no es grandeza para mí. Llévate tus dulces melodías seductoras, porque no eres mi patria: ni te comprendo yo tampoco, ni quiero hablar tu idioma: que te parta el rayo mínimo de mi agujero. Que suene esta vez la música de acordes auténticos, quebrados, perdidos. Lejanos en la memoria, cólera callada, de mi rechazo. Quédate la falsa moneda: tu miseria no vale, la mía sí.
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