Contamos las vías, las agujas, la luz
de pronto, estaban aquí, yo cambio, tuve que correr, grité
la gente emigra, barcos llevan, la gaviota, construiré
¿el presidente? llamaré, nos están incubando, hay una última vez.
Y las promesas, profetas del interior, la incubadora, discuten por un sueldo bajo
las mercancías, el amor de la reina, un beso, y una última vez
toda la rabia encadenada, todos los lazos, un mordisco, ella dijo
¿y si no? sólo el horizonte, y todavía, sus sueños, en esta cáscara, todavía hablan.
Nuestros garabatos, confiamos aunque hay que temer, ¿qué haremos?
mis hermanos, los búnkeres, no pueden, viento, la invasión
a veces llega, se hunden hasta el final, ahora, lo digo sobre la colina
el crepúsculo, y hundió, no sé, besaron, se avergonzó, la disuasión se acerca.
Abiertamente, y un enemigo, cuando en las conversaciones, cuando al nadar, un miedo
busca entre participantes, y no olvida nada, no oye, y se ríe, quita inútilmente, él necesita
no me separaré, y alejaré, nuestras uñas están sucias, con pensamientos
placeres, cierra de una vez, dentro todo, mi aliento, y ahora desembocan, cuenta otra vez.
Y en todas partes, buscar, rozar, o en la habitación, en un coche, y quema
suena la palabra, cada vez, susurran, prometía amor, no vayas, no te construyas, espera
quedará un día, la violencia, la amenaza como pregunta, esos niños, sigo creyendo, y a veces
volando se acercan, me senté, borré, y así penetré, y sólo entiendo a ella, pedirle.
Nos mostramos, pronto, con mejores fotografías, lo que puede, la impotencia
lo que sea, la cólera, pronto, y contra, del Silencio se trata, hablo de la espada, el rearme
ellos reprochan, pero ella, al día siguiente, en los detalles, lo que queda, entonces la piedra
haz algo, escribe un poema, conozco una receta, se tritura impotente, y del cráneo partido.
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