viernes, 26 de agosto de 2016

La escucha


El hombre escuchó atentamente. Pensaba en escribir un relato de lo que oía. El otro seguía hablando. El hombre puso en marcha su grabadora, para no perder las palabras del otro, por quien sentía atracción. Y se puso a escribir su relato: un relato que partía de él mismo en todas direcciones para volver al círculo negro. El relato fue tejido con la propia sangre del escritor, y en sangre fue leído por los asistentes. Tras la lectura, ya en su habitación, cogió su grabadora y escuchó. El otro le había hablado en ópalo, el ópalo quedó grabado. El escritor fue a su relato y cambió la sangre por ópalo, y le pareció mejor así.

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