Una nota me avisa: un silencio, mi llave
me agoto, me consumo: desde la tumba
mi voz se contrae, no me observa
este instrumento, una lenta circulación y la muralla.
Entrecruzados despojos, el número: sucumbió y quise reducirlo
aglomeración soberbia, perfeccionamiento: un Reino
cazar, arrojado al desierto. Obligado a lo lejos, para nosotros
atascado estrictamente: jugar - no supe.
Vibra, esperanza, el violín. Su alma
ella estaba, iba a consumirla, contemplaba su dicha
la miel, las caricias, los órganos del cuerpo
en el espejo, maremoto: pierdan sangre.
Lenguas infectas colgadas, pequeñas vidas: vacío
cada hombre recoge, ya en el barco, cuando la desgracia
destino: un ojo, no por mucho tiempo
toda la vida, se ríe, princesa de razón: «aplastáis en mí».
Sólo se rinde la última hoja. Miseria, ya no envidiamos
tranquilamente me acerco: somos prudentes, los rumores, un obstáculo, los anillos
sólo tenías oscura angustia, la soga al cuello, paisajes desolados
abolir, con firmeza: enfermo. Ningún pliegue muere.
Ya no hay tranquilidad: la grandeza, las fuentes decapitadas
reconocido tiempo: una llamada al suicidio, sigue buscando una melodía
inclinarme: la veía. En ese don toda la vida: párpado intolerable, desgracia
en un tren estaba su dicha: de pronto estuvo allí.
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