La ciudad quemada, con dolor, algunas calles
el incendio fatal del rostro temible ardió
negociación antigua rechazada, daño material
«Queridos hermanos, construid el tiempo perdido».
Forastero en la sombra de la tarde amarga
un barco borracho en blancas ciudades
grita el esclavo del pueblo, grita un fauno
un duende brilla soñador a lo largo.
Sueños alineados mientras ninguna hora pasa
el vuelo desvanecido de la nocturnidad de traición enferma
mundos de rapiña, melancolía del alma, flor azul
anhelo sus anillos, parálisis.
Late el pulso de la gran ciudad, esta noche
chispean en el aire ansiosas corrientes, al anfibio desgarran
con mirada suave, insolente, peldaños de placeres escalonados
pesadamente cuelgan inmaculados aromas.
Olvidaste tu juventud de poesía atrevida
era también el papel y los vasos en el umbral
desierto de mil pozos ocasionales en la penumbra del salón
ciegos amigos en el horizonte, viajas entre el agua y la magia totalmente normales.
Mi amigo se duplica en el crepúsculo, barre con cuidado
caricia de un pie frío ofrecido a través de los alambres
miradas brumosas y el alma que devora toda una metrópolis
memoria hundida en un lapsus léxico, la muerte cotidiana.
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