Contempló las golondrinas, roza la certeza
los días lentamente calcinados
una vez más el oro del sol que te ciega
antiguo encantamiento en la titubeante balanza de las horas.
Cuando se desliza, junto a las piedras, escombros del cielo
la pena resuena en la sangre, monte de la cruz
el viento y la sombra del leñador: se apoya la dicha
descalza avanzas, don en la noche transfigurada.
El despliegue fatigado de la cercanía
transmites el aliento, rondan velozmente los paisajes, la ventana secreta
desembarca en la piedra, escupe de Sileno la verdad
márgenes, amaneciendo, sol.
Los lobos cosían el cerebro vecino
rozada con el cuchillo la juventud
por un secreto acuerdo lamía los pálidos muslos
yacer allí, lejos de la tierra natal, anestesia.
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