jueves, 14 de julio de 2016
Señor activista (carta)
Activista. Qué orgullo y dignidad para usted. El que pasa a la acción. El que toma medidas. El que tiene la voz y la ejerce. Qué orgullo de soberanía la suya, la voz de la resistencia, la voz del cambio. Ustedes nos llevarán a un mundo mejor. Felices las generaciones por venir. Estoy contento, mucho, de que aún queden hombres valientes, con agallas, iniciativa: emprendedores. Usted ve este esclavismo civilizado, las subyugantes cadenas del mundo actual. Usted y gente como usted brillan: a buen seguro responderán con su acción al programa generador de miseria generalizada puesto en marcha por las élites transnacionales. Su voz y su hacha responderán, liberando al pueblo oprimido, señor activista. Confío plenamente en su capacidad de acción, canalizadora de la voz de un pueblo esperando su liberación, esperando su acción resuelta y valiente, sin trazas de miedo y eficaz. Me atrevo, permítamelo por favor, a darle las gracias a usted por adelantado, por resistir, por todo el bien que desplegará, por elevar la voz de un pueblo, aún muda, amordazada: mi voz. Sí: le doy ya, con todo mi amor y devoción, las gracias por imponer la voz del pueblo, de la humanidad consciente: usted, ustedes que nos liberarán al mundo y a mí de la mordaza, y de la venda en los ojos también. Ya nos están liberando. Lo noto. Gracias por mantener en mí la ilusión viva, por ser la voz y el grito de esa ilusión, inviolable, cada vez más.
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