miércoles, 9 de marzo de 2016

El rojo y el negro


La voz corría como chorros, silenciosa, susurrando
como el murmullo del mar pálido
me hablaba placeres, la voz
la voz, me habló.

No dolor, no dolor. Ya no sufres. Has encontrado.
Has encontrado, amigo, una caricia en el camino,
el rojo que llena clavándose en las grietas de tu cuerpo,
el rojo aliento
la roja respiración que, en la noche, pálida, te salva. La noche negra.

El rojo te salva en la noche negra.

El rojo ha venido esta noche, pues su deseo es pulsar las teclas
de tu clavicordio en telarañas, de tu corazón gastado
gastado y por nacer

como los hijos de las guerras por venir
las muertes que brotarán

como la voz que te susurra calmada
al oído, pulsando los meandros de la oreja, tierna

silenciosa y bella como una lengua extremadamente lejana

habla otra lengua

con la lengua reposa en tu oreja, traza los meandros de tu descanso

en el mar de las guerrillas, en el mar pálido
acalla todas las voces del campo plagado de cadáveres, esa voz

esa voz en tu oído
esa voz roja en tu oreja

que ya no escuchas, porque eres todo tú saciado en el negro

en el manto negro y pálido, eco de vuestra paz lograda

lograda y soñada.


El tembloroso rojo vibra, y se clava en el negro de nuevo, al fin.



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