martes, 22 de marzo de 2016

Tarde


Tarde. Llega tarde. Es amarga la copa del tiempo. Vida no vivida, hundida. Naufragios vagamente soslayados.

Años perdidos. Cerebros asimilados al entorno ajeno, a la lluvia de plásticos. Juventud malgastada. ¿Infancia? Con juguetes impotentes. Al niño le robaron los ojos, antes. Es tarde.

Tu belleza áspera, copa del tiempo. No más cáliz de sangre universal, no. Las sendas perdidas en los rizos de gris. Descanso al fin en tu belleza: puerta decadente tapiada con capas de sombras en aquelarre. Los años, los ojos, el paso, la sucesión. La pérdida.

Serenamente pago la culpa. La cobardía del viajero azul. El negro de cuero, las voces quebradas en el fino cuello. Conozco las líneas de tu ausencia, palpitando en otra tierra, te robo un momento en Ciudad Falta. Serenamente robo el beso negado, el sueño que murió, y la lágrima que quedó en diamante.

Me susurras en redes la culpa. Me atizas el vacío. Alivias mis penas perpetuando el calvario de tu muerte en metal. Clavas el puñal en el eterno. Es tarde: jinetes lejanos, heridos, en la belleza de su aliento compartido. Mañana, será mañana, quizás. Ya es tarde para todo, tarde para ti.

Trazos de ti, caricia de la brisa del crepúsculo en las afueras, allá en la cabaña de aquel árbol siempre por ocupar, tan lejano, ya fuera del tiempo. Filos de ti, cayendo en la noche blanca, sobre la historia de mi vida, papeles odiados. Falta. Es tarde.


No hay comentarios:

Publicar un comentario