miércoles, 1 de junio de 2016
El desprecio
Las cosas. Los mejores en la fe perdida
sin duda emerge al fin su hora, para nacer a lo largo del verano
todos se olvidan, abrazados
sensual música, ciudad sagrada: «hundidme».
Un animal en el artificio, caballeros y damas tan ansiosos, lo que pasó
cosas abstractas, ser caricaturizado
cimientos del resplandor del día, un misterio, una pequeña bandeja
el deseo que alabaron: ¿quién compuso la canción?
Extraño tropezó. Buena gente, con gritos, musas burlonas
he encontrado un ojo delicado, habita el sol en eclipse cuando tus arroyos
orgullo, el cisne. Les declaro, me burlo
dejo afilada el alma, las nubes dormitan, sombras, no hay nada bueno.
Oprimido rabió el corazón: debe alzarse
triste y vana; inútiles todas las llamas, fragmentos
nutren su costado, en la boca la oscura noche
yacían en momentáneo dolor, aunque nunca el arco de un violín.
Los muslos, la gloria, las iluminadas velas
¿cómo podremos sangrar, verso por verso?
medio muerto declaro mi escalera, invencible laberinto debe desvanecerse
ninguna clama por la luna, un ermitaño escoge los pesares nocturnos.
La vanidad ante mí flota, el sendero, el ave común
metal inmutable, frescas imágenes no aparecieran por amor apasionado
tengo otra cosa: plata. Observó suspirando
se descargan la obscena cabeza, copulan, ladran.
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