sábado, 18 de junio de 2016
Se oprime mi corazón
Castigadas sus piernas, agua cansada, hasta el desastre, rompe el azar
la nomenclatura y la carne, la velocidad, sus manos
conserva sus lágrimas, con el murmullo la piedra, anocheceres sin dialecto
ojo mío, crujiendo el corazón al paisaje, las montañas, el preludio sangrante.
Dadme la barrera ideal, florecerá un fuego de mi cuerpo, se instala
no prestes atención, no todas las nubes, no toda lluvia huérfana
los olvidados, los viejos jardines de ojos abiertos, flores, pájaros de sed
te has vuelto de las bestias, en medio del día, crece tu fuerza.
Abandonas el zoo, sería azul, con tu paraíso hacia las nubes, separadas las piernas
miseria, el filo, mi noche: tu querrías, nada brilla, para encontrar tus dolores
ni los ojos de las moscas, tu angustia, qué te diré esta noche
olvidé, muerde su labio, marchas demasiado tarde, y las momias más definitivas en vano.
Desapariciones, degenerados, cerebros, silenciosos enamorados
imperan los magos, temperatura benigna a través, necrópolis y finalmente los paisajes
yo canto un relámpago, tú harás un hombre mejor, si habitamos la poesía
los reflejos, las aguas claras en el interior, sin mezclarse el llanto.
Cerca, por la imagen, en los bordes, fatigado, se inmoviliza
todo el amor se prolonga hasta fundir las tinieblas de un final próximo, estrellas
exportación, la noche, uno nunca sabe, ahora llega el tiempo
tu carne cuando te acaricio, hoy es hoy, y no se atreven en el océano.
Te irás, el oleaje, un invitado más, lámpara apagada, yo duermo, lucho
déjame seguir, no dictamines más, él había seguido hacia cementerios, asistido a bailes
pero precisamente se ha vuelto despiadado como una mano se levanta del sol por todas partes
tus miradas surgen, tempestades en fuga, se oprime mi corazón: y muera aquél al que aspiro.
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