La belleza en un rostro, en la estela del sufrimiento, en la proa de la ilusión, de la resistencia renovada. Ese rostro elijo yo, y no la carne prefabricada de la televisión. A ti, entera, dolida, y sin nada supérfluo, te elijo, te veo - como el mar al rayo, me llamas.
A la de la luz vivida, prefiero - al sueño nítido y sin resonancias, prefiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario