Nota introductoria: Esta tarde he escrito algo dirigido a mi pareja. Desde un principio lo he escrito contemplando la posibilidad de que fuera publicable, o dicho más precisamente, con ese objeto. Ella me ha dado su consentimiento. Posteriormente hemos paseado y hablado, decidiendo pasar cinco-seis días juntos, en breve. Decir que publico el escrito por el mismo motivo por el que publico todos mis escritos, porque considero que a alguien pueden darle qué pensar, para alguien puedan tener interés.
ESCRITO (A ROSA, MI PAREJA)
Tú me diste la cordura, el hilo para salir de mi tormento. Algo puse yo también, sí.
Tú me diste el amor, era todo lo que quería. Te di mi amor.
Han pasado los años. Las circunstancias nos encadenan. Ya no vivimos la pasión y el amor de la fusión. Nos vemos a través de las rejas. Nos vemos a través de un cristal velado, cuando volvemos a nuestro cristal velado. Es bonito entonces, cuando veo cómo me sonríes en tu pureza. ¿Y la mía, dónde está mi pureza? Nunca te merecí. Siempre lo he sabido. Soy un enfermo en un mundo deplorable. Tú tienes buen corazón. Radiante. Mi corazón seguramente murió con mi madre, de niño. Si no lo mató mi padre, al crecer. Durante muchos años no hubo día que viera el sol. Tú me lo diste, el sol. Ya no estoy en el negro: el infierno pasó. Ahora soy gris: ya sabes tú esto. Sólo vive un dolor en mí. Lo sabes: y uno de los colores de ese dolor es no corresponder a tu luz. Saber que no te merezco. ¿Por qué querer a un mezquino? Veo una cárcel que no es la mía, y veo una pureza que no es la mía. Tus ojos puros no me encuentran; lo veo, y muero. Es uno de los colores de mi condena, de mi dolor. Sufre, cerdo: vive tu condena. Tú me das amor, yo siento dolor. Tú me das amor, ¿pero me lo das a mí o es que ERES amor? Quizás ya no entiendo el lenguaje del amor; quizás soy incapaz de sentir amor. Tú sabes que sólo el amor existe. Me lo regalas cada día. Yo no estoy para recoger el regalo. Estoy muerto. ¿Quién vive? Tú, el amor. Hay un día, uno de éstos, que sí estoy para recoger tu regalo, tu luz. Algo me hace salir de mi locura, de mi condena; no sé qué es ese algo: es mi porción de amor, mínima, que se me da; en ese estado de excepción que se me da es cuando logro llorar infinitamente por dentro y soy feliz viéndote. Tu luz es mía por un momento. Luego, ya te digo, vuelvo a mi mentira, mi vacío, mi gris, ¡que es mi vida! La quiero, es mía.
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