lunes, 2 de marzo de 2015

Inmunoética, 5. Sobre la función del yo


"Ni hay un concepto más sagrado para mí que el de la unidad, el concepto de que la totalidad del mundo es una unidad divina y de que todo el sufrimiento, todo el mal reside en que los individuos ya no nos consideramos una parte indivisible del Todo y concedamos excesiva importancia al Yo." (Hermann Hesse, En el balneario)

Esta es, como se ve, una idea panteísta. Conlleva la idea de una fusión sujeto-objeto, en la que los limites de ambos devienen en buena medida indiscernibles. Habla de “conceder excesiva importancia al Yo”, como mal: ciertamente es así porque la persona se encuentra, se realiza en una entrega del yo, en una fusíón se puede decir que divina. Aquí Hesse habla de que la totalidad del mundo es una unidad divina. En este sentido también se puede considerar la unión con Dios del místico cristiano como una esfera, como una totalidad. Así, hablan las religiones, principalmente las orientales, de la necesidad de la disolución del ego (se sigue viendo la superación místico-teológica de la dualidad sujeto-objeto). Pero cuando hablamos de una defensa del individuo ante los tóxicos (que puede expresarse -si se entiende con flexibilidad- como una defensa del yo frente al mundo) no es una lucha por sí, por la enemistad, sino como medio para conseguir una vivencia en la que se pueda vivir el amor, la armonía, la conciliación, la gracia cristiana; con el aspecto de entrega del yo se da una función muy definida y activa al yo. El yo es un generador, o trata de influir en la generación -generación de una vivencia adecuada para el individuo, según una periódica evaluación que filtra la vivencia, que tiene por función permitir el contacto del individuo como paciente de la vivencia con lo que considere apropiado y no con lo que considere nocivo, y tratar de ir posibilitando situaciones en las que se de la propia elección, que la persona pueda elegir la tendencia que debe tomar su presente vivido, ¿para qué?: para alcanzar la satisfacción, puede ser la respuesta; o, como se dice, “por su propio bien”. Podemos decir quizás que el filtrado óptimo en una sucesión temporal indefinida conllevaría el estado de beatitud durante tal secuencia temporal. De alguien que lleva a cabo ya automáticamente, por asi decirlo, de modo espontáneo o instantáneo el filtrado óptimo es de quien dirían los budistas que ha alcanzado el estado de Buda. Y es que en el budismo también se trata de una lucha contra el tóxico; el objeto de la sabiduría budista es la eliminación del dolor por vía de la supresión de la sed (trshna), la supresión del deseo. Un exceso de ego puede no ser apropiado (es de lo que se lamenta Hesse: “concedamos excesiva importancia al Yo”), pero parece que existe, debe existir una función del ego, el ego como vector inmunológico, función de defensa ante lo dañino, lo considerado malo. ¿Qué es lo malo? Tratemos de definirlo: es lo que denigra la vida, lo que castra o mata (como cuando Jean Genet dice que una bandera castra o mata); lo que consideramos tóxico o dañino, lo que nos reduce: también podemos decir quizás que es lo que nos provoca pesadez, gravedad, contra la ligereza necesaria para perseverar en ser ligeros, para perseverar en que el yo siga ejerciendo su función de elector de tendencia del presente o, dicho de otro modo, de vector inmunológico - perseverando así en la vida libre (pues elige: como hemos descrito, el yo es elector de tendencia), negando la esclavitud, el subyugamiento; pues quien está subyugado no puede practicar una ética -en el sentido que toda ética es ética propia: y aquí hablamos de la praxis de una ética, hablamos de llevar a cabo una ética (o una conducta) que busque la inmunidad -y es así que inmunidad y libertad se identifican, se corresponden.

No hay comentarios:

Publicar un comentario