John el artista se encontró con John el hombre normal. Paralelamente, e inversamente, en la acera de enfrente Joseph el hombre normal se encontró con Joseph el artista.
Cuando John 1 se encontró con John 2 trató de salvar la distancia que sentía, como era habitual, y esto lo notó John 2, que le pidió dos euros para una cerveza aunque le dijo que eran para coger el autobús, para ir a cuidar a su enferma madre. Sabía que John 1 no le creería pero confiaba en lo que sucedió: que John 1 decidiría rápidamente que debía ser caritativo, pues no todos podían correr su suerte, y le entregó el dinero, aunque un poco incómodo consigo mismo, con la vida, pues había algo que no le parecía coherente, lógico (aquí solía llegar a menudo). También John 2 solía llegar a menudo al lugar al que llegó, a meterse con premura el dinero en el bolsillo y para no desviar la mirada ya hasta la próxima ocasión, le preguntó a John 1 por su última obra o por sus padres (que habían fallecido hacía ya tiempo), no se pudo escuchar bien.
Cuando Joseph 1 se encontró con Joseph 2, siguió a éste hasta la sala de exposiciones. Fue entonces cuando éste último le dijo a Joseph 1 que quizás mejor sería que se diera una ducha antes de entrar. Y le ofreció su propia casa, que estaba relativamente cercana. Joseph 1 dijo recordar alguna cita urgente y se ausentaría hasta la próxima.
Todos estos personajes, y algunos dormidos ya, habitaban en el cerebro de John Joseph quién, de madrugada, un poco hastiado de la gente y de sí mismo, se dispuso a atar estas palabras al ataúd de madera en el que pasadas unas horas se introduciría para descansar de nada.

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