lunes, 2 de marzo de 2015

Pensamientos sobre el anarquismo, 2


Antes el sinsentido que un Dios dador de sentido. La posibilidad que me parece más plausible es que el hombre inventó a Dios, mucho tiempo atrás, como componente facilitador de la explicación en su pretensión de comprender el mundo. Esta opción considerada está -como es sabido- en el pensamiento de Ludwig Feuerbach. Lo atrayente en la idea de Dios -su marketing- está en la tendencia humana a necesitar una autoridad. El dispositivo del cristianismo describe esta autoridad como autoridad paterna (Dios=padre). La supuesta autoridad de Dios complementa a la autoridad del padre. La madurez -es mi credo- conlleva la disolución, exterminio de toda autoridad. Es la independencia, emancipación, autonomía y soberanía. Pero el hombre puede (como digo tiene tendencia a ello) tomar la vía de la servidumbre, elegir la sumisión -es quizás una pretensión para algunos bajo la motivación de la pretensión de dotar de sentido a la vida. Muerto el dios, muerta también la autoridad paterna, algunos pondrán en su lugar al Estado, a la patria, al nacionalismo (pensamiento de Bakunin en Dios y el Estado). Junto a ellos -actuales éstos o no en su autoridad-, muchos darán autoridad ilimitada, absoluta al dinero -pondrán su fe, encontraran su sentido, en el afán de dinero. Y con el dinero adquieren un poder, última máscara de la autoridad, pero este poder -contemplémoslo- no deja de ser, entonces, sino el poder de un sometido, de un esclavo -un simulacro.

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